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Ciencia y Tecnología / ABR 01 2018 / hace 1 año

Stephen Hawking y la religión

El astrofísico nunca creyó que durar tanto tiempo con su enfermedad fuese un milagro. ”La religión cree en los milagros, pero estos no son compatibles con la ciencia”, aseveraba. 

Stephen Hawking y la religión

El Papa Francisco le sonrió a Hawking, quien le respondió de la misma manera, de acuerdo con lo que le permitió su enfermedad. Con su mirada, el astrofísico parecía decirle: la ciencia convence más.

Este sábado fue el entierro del astrofísico más querido de las últimas décadas del siglo XX y principios de XXI. Aunque el 14 de marzo Hawking abandonó su silla de ruedas y el computador que le permitía transmitir a la comunidad científica sus planteamientos sobre el cosmos y escribir libros para un público neófito en física, su familia consideró pertinente que el último adiós a su féretro fuese 17 días después, tiempo durante el cual recibió el acompañamiento de ilustres científicos y otros personajes. (Lea: Murió el físico Stephen Hawking a la edad de 76 años)

Su familia quiso que el funeral fuese en Cambridge, ciudad que el científico amó y le dio buena parte de sus momentos felices. Teniendo en cuenta que Hawking también se pronunció sobre asuntos religiosos, sus allegados desearon que durante los días previos al funeral y durante el mismo, asistiesen personajes de todas las creencias religiosas.

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La última semana del acompañamiento de su cuerpo sin vida, coincidió con la Semana Mayor, los días más importantes para los creyentes de la religión católica, que siguen las orientaciones del Vaticano. De modo que es pertinente dedicar este artículo a ese debate entre la existencia de un creador y el convencimiento de que las leyes físicas podrán explicar esta maravilla que llamamos universo, así como las ciencias biológicas podrán dar razón del otro prodigio: la vida

 

Desde la antigüedad, la religión ha perseguido la ciencia 

La pugna entre ciencia y religión es de vieja data, infortunadamente en épocas pasadas ese enfrentamiento se resolvía asesinando a quienes pensaban diferente a las ideas propuestas por la religión cristiana. Así pasó con Hipatia de Alejandría, la filósofa, matemática y astrónoma, quien fue muerta por una turba de cristianos en el 415 d. C. Suerte similar corrió Giordano Bruno (1548-1600) incinerado en Italia en la época de la inquisición por decir que había muchos más soles que nuestro astro rey y que la Tierra no era el centro del universo, es decir, defendía el heliocentrismo.

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Luego le tocó el turno a Galileo Galilei (1564-1642), detenido porque corroboraba el heliocentrismo y contradecía a Aristóteles, quien afirmaba que los cuerpos pesados caían más rápido que los livianos. Cuando construyó su primer telescopio, descubrió los cráteres y montañas de la luna, las cuatro lunas más grandes de Júpiter y que la vía láctea estaba compuesta por estrellas, ideas que quebrantaban lo planteado por los jerarcas de la iglesia de un mundo inmutable

La persecución a Galileo se complicó cuando no solo desoyó a la iglesia que lo obligaba a considerar el heliocentrismo solo como hipótesis, sino que propuso que se debía re-interpretar algunos pasajes de la biblia que estaban en contradicción con esa teoría. El científico se refirió a estos textos de la batalla de Josué en Gabaón, en que se hablaba del Sol deteniéndose por casi un día. No acabaron con su vida porque se arrepintió de sus planteamientos.
 

Un hijo del Vaticano fue el primero en formular el Big Bang 

Siglos después, en el XX, un hijo del Vaticano, el sacerdote jesuita belga Georges Henri Joseph Édouard Lemaître (1894-1966), fue expulsado de la iglesia por formular la teoría del Big Bang sobre el origen del universo, planteamiento aceptado por la comunidad científica y recientemente hasta por el mismo Vaticano.

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Fue el primero en hablar del huevo cósmico o la teoría del átomo primigenio, y a diferencia de Albert Einstein quien pensó que el universo debía de ser estático, que no podía cambiar, él expuso que el cosmos cambiaba todo el tiempo, que estaba expandiéndose. En 1998 se conoció que su expansión era acelerada. En mayo de 1931 Lemaître publicó un artículo en la revista Nature titulado: “El comienzo del mundo desde el punto de vista de la teoría cuántica”.

A finales del siglo XX la iglesia reconsideró el caso de Galileo. 340 años después de esa condena y cuando varias evidencias científicas confirman sus planteamientos, en 1981 el Papa Juan Pablo II conformó una comisión para que estudiase el caso; eran cuatro grupos de trabajo: uno exegético-cultural, otro científico-epistemológico, el tercero histórico y el cuarto jurídico. Las conclusiones se presentaron el 31 de octubre de 1992 con motivo del 350 aniversario de la muerte de científico.

En esa fecha Juan Pablo II pronunció un discurso y presentó un balance de resultados de dichos estudios, en el que afirmó que debemos partir del principio de que no puede haber una verdadera contradicción entre la ciencia y la fe y que una de las causas del proceso a Galileo se debió a que la mayoría de los teólogos no percibían la distinción formal entre la sagrada escritura y su interpretación, lo que condujo a que y trasladaran indebidamente al campo de la doctrina de la fe una cuestión que de hecho pertenecía a la investigación científica.
 

El Papa Francisco y Hawking frente a frente

En 28 de noviembre 2016 la religión y la ciencia se encontraron de nuevo en el Vaticano, ya no para condenar sino para dialogar sobre la existencia del cosmos. Fue un ‘enfrentamiento’ entre el Papa Francisco, quien sostuvo que la misericordia de su Dios es infinita, y Hawking, quien descartó que ese Dios existiera debido a la infinitud del universo. Días después, el científico afirmó: “Preguntarse sobre qué había antes del Big Bang carece de sentido, debido a que es como cuestionarse qué hay al sur del Polo Sur”. 

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Por su parte, el Papa Francisco considera que la ciencia —con sus descubrimientos— no niega la existencia de Dios, al contrario, la evolución hace parte del diseño de Dios para su creación. Así, el Big-Bang no contradice la intervención de un creador divino. El inicio del mundo se deriva directamente de un principio supremo que crea por amor

También expresa el Papa que el Big-Bang, que hoy se sitúa en el origen del mundo, no contradice la intervención de un creador divino, al contrario, la requiere. La evolución de la naturaleza no contrasta con la noción de creación, porque la evolución presupone la creación de los seres que evolucionan, es decir, el Big Bang y la evolución entraron en el Vaticano, pero amparados por el “soplo inicial” de su Dios.
 

El Big Bang es consecuencia de las leyes científicas

En su libro: “Historia de tiempo”, publicado en 1988, Hawking manifestó que si se lograra elaborar una teoría del todo, se conocería la mente de Dios. Sin embargo, en su libro: “El gran diseño”, escrito junto con Leonard Mlodinow en 2010, consideraron que la invocación de Dios no es necesaria para explicar el origen del universo y que el Big Bang es consecuencia única de las leyes científicas de la física. Asimismo, expresaron que el universo puede crearse de la nada, por generación espontánea y que la idea de Dios no es necesaria para explicar su origen.

Antes de su enfermedad, muchas personas llegaron a afirmar que era un milagro que viviese tanto tiempo, pero el astrofísico rechazó todas las posturas religiosas. “La religión cree en los milagros, pero estos no son compatibles con la ciencia”, aseveraba.

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Hawking rechazaba todas las creencias religiosas y manifestaba: “En el pasado, antes de que entendiéramos la ciencia, era lógico creer que Dios creó el universo. Pero ahora la ciencia ofrece una explicación más convincente. Lo que quise decir cuando dije que conoceríamos “la mente de Dios” era que comprenderíamos todo lo que Dios sería capaz de comprender si acaso existiera. Pero no hay ningún Dios. Soy ateo”.

"Tanto la religión como la ciencia parecen explicar el origen del universo, pero considero que la ciencia resulta más convincente para las mentes inteligentes, ya que responde continuamente a preguntas que la religión no puede contestar", afirmaba Hawking.


Diego Arias Serna ([email protected] / [email protected])
Profesor-investigador universidad del Quindío
Especial para LA CRÓNICA


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