Inicio / Región / JUN 01 2020 / 1 mes antes

Tres académicos en el recuerdo de la historia del Quindío

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Autor : Jorge Hernán Velásquez Restrepo y Roberto Restrepo Ramírez

Tres académicos en el recuerdo de la historia del Quindío

Olga Cadena Corrales, Jorge Enrique Arias Ocampo y Nodier Botero Jiménez.

Olga Cadena Corrales, Jorge Enrique Arias Ocampo y Nodier Botero Jiménez dejaron huella en el departamento con su labor.

Tres nombres, de dos hombres y una mujer, han dejado la mejor remembranza en la historia administrativa y universitaria del departamento. Los tres pertenecieron a la Academia de Historia del Quindío. Los tres ya desaparecieron y sus decesos fueron muy lamentados en el ámbito social, cultural y educativo.

Olga Cadena Corrales fue asesinada vilmente en noviembre de 2012. Perteneció a la junta directiva de la Academia de Historia en su condición de vicepresidente. A Jorge Enrique Arias Ocampo lo recuerdan gratamente en Salento y la CQR donde fue su primer alcalde popular y director, respectivamente, y por supuesto, en el seno de la Academia. 

Lo mismo que se extraña a Nodier Botero Jiménez, el último miembro que se fue a la eternidad, luego de dejar acervo documental y bibliográfico para la región.

El medio universitario se nutrió mucho con lo investigado y escrito por los académicos Cadena Corrales y Botero Jiménez. Cada uno de ellos exploró temas vitales para la historia, la sociología y la identidad. Sus mentes claras y sus criterios de metodología de la investigación marcaron no solo el rigor de sus escritos, sino que mostraron las facetas de los pesquisadores notables de los estudios históricos, sociológicos y culturales. Por ejemplo, Cadena lo hizo a profundidad en el tema de la Concesión Burila y la colonización empresarial, mientras Botero incursionó en el tema de la antioqueñidad, algo que se truncó con su muerte, porque incluso ya había realizado contactos en Medellín para publicar un verdadero tratado llamado la Cátedra Antioquia.

El exalcalde Arias, mientras tanto, escribió de otra forma su historia intelectual. No lo transmitió en libro alguno, aunque conocía muy bien las obras de sus académicos pares y había leído los tratados de algunos escritores del Quindío. Ingresó a la Academia con una ponencia que versaba sobre la historia de su pueblo. Tan nutrido como fue su contenido – escrito también con el corazón además de la razón – fue el acto de posesión, en el que le acompañaron muchos salentinos. Ellos demostraron su aprecio por el primer alcalde popular que fue y por la pertenencia al nuevo órgano académico.

Jorge Enrique Arias tenía amplia biblioteca, que donó su familia a la Academia de Historia del Quindío después de su muerte. Este caballero, cordial y de trato humano inigualable, dejó huella en su alcaldía, pues su plan de desarrollo siempre se había enrutado en una “evolución hacia el cambio positivo de nuestra sociedad, que avanza hacia el reconocimiento de la riqueza cultural, histórica y social y la equidad del reparto social”.

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En Salento marcó un hito en el conocimiento de sus raíces, en un pueblo que sólo hasta ahora viene a hacer conciencia de su importancia histórica. Arias era descendiente de familias fundadoras de este primer municipio instalado en la región en el siglo XIX. Se recuerda a este académico en su pueblo porque también es el autor de la letra del himno, musicalizado por el maestro Juan José Ramírez Gómez.

Son pocos los profesionales de la historia que han conformado o conforman la Academia del Quindío. Esto no ha sido óbice para el desenvolvimiento de un órgano que es interdisciplinario, conformado por profesionales de diversas profesiones, pero que tienen como propósito develar y aclarar los hechos del pasado desde diferentes visiones.

Olga Cadena Corrales fue una de esas integrantes que se graduó en el campo. Para la Academia del Quindío fue un gran honor haberla tenido en su seno, como su vicepresidente. Nació en Armenia en 1944, separada, con tres hijos. Licenciada en Ciencias Sociales y Magister en Historia. Docente en secundaria y en la Universidad del Quindío, y de estas ocupaciones resulta la gran admiración que muchos quindianos tenemos sobre su vida y obra. Fue también directiva universitaria, directora de la Revista Voces y directora de un diplomado en Historia y Guianza del Quindío.

El más significativo rol de Cadena fue desempeñado en la publicación de textos, artículos y libros. También se destaca su trabajo de grado como tesis de maestría de la Universidad Nacional en 1983. Se titula “Procesos de colonización del Quindío: el caso Burila 1884 – 1930”. En el año 1999 dirigió un proyecto de LA CRÓNICA DEL QUINDÍO en forma de fascículos, donde los quindianos conocieron, a través de sus agradables páginas coleccionables, las reseñas históricas de los municipios del Quindío. Fue un trabajo de calidad y de rigor editorial.

En 2003 escribió, para la colección titulada Cátedra de la Quindianidad, el capítulo La colonización del Quindío. Con José Manuel Pérez, para la revista VOCES, escribió la Historia de Armenia. Periodo caucano 1889 – 1908, Período caldense 1908 – 1966. Otro artículo fue Importancia de la colonización empresarial en el Quindío, para el Sello Editorial Alma Mater.

En el año 2004 dirigió un recordado proyecto editorial, dirigido a niños, la Cartilla de Historia del Quindío, publicación de Comfenalco Quindío.

En el obituario del Departamento de Historia de la Universidad Nacional, año 2013, se retrató fielmente su semblanza: “Discreta y de firme carácter, no hacía concesiones ideológicas pero era noble y leal en la amistad. Su legado consiste en el respeto que se le tenía por su honestidad y dedicación profesional”.

Muy bien recibidos fueron sus artículos, por el profesionalismo de su escritura. Para el volumen 3 de Ensayos de Historia Quindiana, en 2014, la Academia de Historia del Quindío incluyó a su memoria, el artículo que había publicado el Sello Editorial Alma Mater. Fue un tratado histórico sobre la Concesión Burila y su papel opresor en la historia de la región que, en la pluma de Cadena, se convirtió en un estudio serio y revelador.

A Nodier Botero Jiménez se le puede considerar también como el editor de la identidad cultural. Su obra, y sobre todo su esfuerzo editorial, han quedado como evidencias de otra faceta de este intelectual quindiano que revolucionó el pensamiento y reflexión sobre los temas de la idiosincrasia y la historia de este departamento. Todo comenzó en el año 2002, cuando a instancias del novel concepto de Quindianidad, Nodier propuso a varios autores se publicaran los compendios de aquellos temas. Nunca pensamos en un resultado tan ambicioso, hasta que vimos su primer tiraje. Fueron cinco libros, juiciosamente compilados, que se agruparon en el título de Cátedra de la Quindianidad. Ellos son: “La narrativa del Quindío”. “Geografía física y económica del Quindío”. “Perspectiva ecológica del Quindío”. “Compendio de historia del Quindío”. “Visión antropológica del Quindío”.

Para que todo resultara estructurado, Nodier estableció un concepto editorial, porque semejante logro debía hacerse para dar a conocer las producciones de quindianos académicos, la mayoría de ellos vinculados a la Educación Superior. Su sello se llamó Editorial Universitaria de Colombia Ltda. Fueron muchos los días que le dedicó a la publicación de aquellos volúmenes. Se hacía desde una oficina sencilla, frente a la Asamblea Departamental del Quindío, donde él y su diligente secretaria afinaron todos los detalles, solo posibles y exitosos por la acertada dirección de un ensayista y escritor conocido por el discurso serio de su actividad ilustrada. Lo consiguió por su tesón, su condición de un quindiano sencillo y abierto a la discusión y también por su interés en los temas antropológicos.

En la Academia de Historia del Quindío, donde fue Miembro de Número, su brillantez siempre sobresalió. En las reuniones ordinarias, o en la de alto perfil, siempre sus intervenciones fueron un aporte a la profunda conceptualización de la historia. En la colección titulada Biblioteca de Autores Quindianos, Ensayos de Historia Quindiana, Volúmenes 3 y 5 se publicaron dos de sus ensayos. Ellos son: “El Quindío en símbolos: ensayo sobre la identidad regional” y “Armenia hacia el futuro: globalización y cibersociedad”. También nos encendió luces sobre la importancia de las microhistorias y sobre tantas intervenciones suyas que dejaron el mejor legado para la prosperidad.

Pero Nodier seguiría en la tarea de obras publicadas. En 2005, desde la Editorial Universitaria de Colombia nos regaló otros proyectos de envergadura. Los textos de Didáctica de la Historia, la Antropología y la Literatura del Quindío y los que ilustraban los temas vitales de Colombia, los de la Constitución y la Paz. Todos ellos reposan en las bibliotecas de Colombia, como muestra de un quindiano sencillo y generoso que aportó con su pluma y su constancia al enriquecimiento de las letras colombianas.

La muerte lo sorprendió con la preparación de la serie bibliográfica que resaltaría el papel y protagonismo de Antioquia en la identidad del Eje Cafetero. En sus contenidos y títulos ya se había avanzado desde las siguientes líneas: El Nuevo Tesoro Quimbaya. Saberes culinarios de Antioquia en la construcción de identidad del Eje Cafetero. Costumbres montañeras y de arriería. A esto se le sumarían dos ensayos sobre aspectos de la región antioqueña, desde su perspectiva simbólica y del modo de ser y de actuar del hombre y la mujer de esa tierra. Un proyecto que debe seguir madurando, y ojalá cristalizarse en homenaje a su memoria.
 

Por Jorge Hernán Velásquez Restrepo y Roberto Restrepo Ramírez



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