Lunes, 27 May,2019
En profundidad / MAY 03 2018 / hace 1 año

Tres oficios que hacen historia en el Quindío

Muchos de los oficios aquí mencionados han sido encontrados en la aplicación de una encuesta en el ámbito estudiantil, que se ha realizado con los estudiantes universitarios del Quindío.

Tres oficios que hacen historia en el Quindío

Es necesario recontar y recuperar los valores que fundamentan y permean los valores de la vida cotidiana y de los entornos familiares de quienes se dedican a estos oficios.

Los oficios de la quindianidad son identificados desde la consideración de un término que se viene construyendo desde hace varios lustros, y que nos relaciona con la llamada identidad profunda, mencionada ella por Paz Neira —2005— como “la forma en que hombres y mujeres se paran frente al mundo, en la que se valoran como actores sociales, en que se definen a sí mismos, en que otorgan sentido al mundo doble que viven”.

No podríamos comprometernos con una definición de quindianidad, porque es un concepto que fundamentalmente es vivencia. Así lo entendimos cuando desde el año 2001, con otros actores sociales, hemos venido haciendo conciencia sobre el hecho de ser quindianos. Así la referencia Jaime Lopera en uno de sus documentos titulado Borradores de la quindianidad —2001—: “Todas las identidades son productos de procesos sociales, de construcción simbólica, aunque esto no las hace idénticas entre sí. Al contrario, unas difieren de otras en las maneras y sus circunstancias en que son socialmente construidas”.

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Estos son los momentos y los procesos que entendemos como quindianidad: como forma de convivencia. Como un respeto a nuestras tradiciones. Como relectura de nuestros códigos y símbolos culturales. Como reverencia a nuestros adultos mayores, quienes son el reservorio de nuestro patrimonio inmaterial. Como la tolerancia hacia las formas diversas de la cultura. Como la manera de asumir un turismo responsable y, preferiblemente, fincado en nuestro devenir cultural. Como una forma permanente de aprendizaje y descubrimiento de las potencialidades de nuestra cultura.

Estos corolarios nos permiten descubrir el sentido de las columnas que escribiremos: Quindianidad, como una vigencia permanente de los oficios de la cotidianidad.

Muchos de los oficios aquí definidos o mencionados han sido encontrados en la aplicación de una encuesta en el ámbito estudiantil, que se ha realizado con los estudiantes universitarios del Quindío en el lapso de los últimos quince años. Les hemos preguntado ¿qué hacemos (identifiquemos oficios cotidianos de nuestro sector)? Igualmente hemos acudido a un producto llamado ‘Aproximación a un documento de identidad regional’, logrado por la gobernación del Quindío en el año 1998. Finalmente, hemos encontrado en variada bibliografía las historias de los oficios que nos representan. Se identificaron algunos históricos, como el sillero, otros simbólicos como el canastero, otros emblemáticos como el recolector de café y uno animalista como el arriero, entre otros. 

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Desarrollo argumentativo

Tres oficios marcan el desarrollo argumentativo. El primero es el sillero. Antes se le llamaba comúnmente carguero y por lo menos así se menciona todavía en los textos escritos en el siglo XIX, especialmente por los relatos de un viajero del Camino del Quindío llamado Isaac Holton. Sin embargo, ya existe una precisión sobre las diferencias entre carguero y sillero. Álvaro Camargo lo aclara: “El sillero cargaba personas y el carguero transportaba cargas. El sillero se diferenciaba del carguero por tener un paso firme, seguro y cómodo”, ‘Microhistorias del territorio quindiano: silleros y cargueros’. LA CRÓNICA, abril 22 de 2018.

El segundo oficio refleja la vida del artesano clásico del Quindío, oriundo de tres municipios, Filandia, Salento y Circasia. Tiende a desaparecer el oficio del canastero de bejucos debido a la no renovación de su apropiación social. Debería ser símbolo humano, en razón a la importancia de sus artífices, como lo logró en la década de los ochenta del siglo XX un cestero de Filandia llamado Manuel Arias, quien ganó el premio a la destreza artesanal como el mejor artesano de Colombia.

El tercero es un oficio en proceso de desaparición, es el arriero. Sus protagonistas son de avanzada edad y evocan permanentemente la importancia que tuvieron en la sociedad. Sin embargo, no hay reconocimiento de ellos ni siquiera en el ámbito del Paisaje Cultural Cafetero.

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Referencia histórica

Al acudir a la referencia histórica documental y a las citas vivenciales encontramos apartes tan interesantes como este, sobre el carguero o sillero: “La primera vez que vi los silleros iban por un camino tan terriblemente escarpado, que estoy seguro que una señora norteamericana yendo por él, se desmontaría y seguiría a pie por consideración al caballo”, Isaac Holton, 1856.

La trascendencia familiar del canastero de bejucos se tiene en cuenta con esta referencia documental de 2013 escrita por Miguel Ángel Rojas, en relación a Marino López, uno de los canasteros más famosos de Filandia:

“El padre de Marino murió a la edad de 99 años en Santa Rosa de Cabal, con el recuerdo de ser uno de los primeros canasteros que empezó el oficio en Filandia. Marino solo recuerda haber tejido cestos, desde los tres años se adentró en el monte con su padre, a cortar los juncos, llevarlos al rancho, secarlos y usarlos en la sencillez de cruzar uno con otro y con otro hasta formar la malla que se convierte en un recipiente fino, natural, útil y de mil usos”. ‘Cestería en el Quindío: un tejido de sueños’. LA CRÓNICA. Marzo 31 de 2013. Irónicamente Marino murió de tristeza hace dos años, porque se le prohibió ingresar a los bosques donde se abastecía de su material de trabajo.

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La tercera referencia es sobre el arriero, en este caso, uno de los sobrevivientes de esta actividad en Filandia. Se llamaba José Valencia Naranjo y murió en 2017 sin ver su sueño cumplido, la institución del día nacional del Arriero. Este es su testimonio: “Nací en 1938 en el hogar conformado por una familia humilde, pero distinguida por su amor al trabajo y al cultivo de sanas costumbres; abundaba la comida, no se conocía la contaminación ambiental y la gente se caracterizaba por su amistad y buena vecindad”, Charla entablada en 2012.

Es necesario recontar y recuperar los valores que fundamentan y permean los valores de la vida cotidiana y de los entornos familiares de quienes se dedican a estos oficios. El canasto, por ejemplo, representa el calor familiar. La arriería, representa el trabajo y el tesón. La caficultura es el motor de la vida económica del Quindío. Y hasta la imagen del carguero o sillero es el logo de algunas entidades, como la Academia de Historia del Quindío, porque es un símbolo de identidad.


Jorge Hernán Velázquez Restrepo y Roberto Restrepo Ramírez
Especial para LA CRÓNICA 


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