Miércoles, 26 Jun,2019
Opinión / DIC 12 2018

¿Ser retrógrado? I

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En los últimos años ha tratado de imponerse un movimiento que pretende desdibujar muchas ‘costumbres’ con el impertinente argumento de ‘lo retrógrado’, ‘lo out’, ‘lo anticuado’ y por esas contradicciones propias de lo humano, muchos se han dejado arrinconar prefiriendo ganarse una ‘imagen’ de modernistas o ‘evolucionados’ cuando, en su diario vivir actúan ambivalentemente: se quedan mudos cuando están frente a alguien que habla duro y desafiante intentando volver trizas sus propias bases ancestrales. 

Con confusos argumentos intentan mover un silencio cómplice, aprovechando la necesidad de ‘caer bien’, ‘estar a la moda ideológica’ o presentarse como alguien ‘muy intelectual y evolucionado’ a pesar de no sentirse en armonía interior. Hay hábiles sujetos, que tergiversan y hasta convierten en asunto político, que sirve para poner o quitar votos, por ejemplo, lo que es de los terrenos de una discusión antropológica, filológica, religiosa y por tanto profundamente ligada a la génesis de la persona, el universo, las culturas y no a la banalidad y la irresponsabilidad con que muchas veces se manipula desde el poder, sin principios, sin respeto, sin compromiso por los principios paradigmáticos y hasta ahora inmodificables. Se aprovechan de la necesidad de la explosión de la ira reprimida de algunas situaciones, manejadas de manera agresiva y discriminatoria, hay que aceptarlo, y que ahora aparecen fortalecidas por la sinergia de miles que comparten su misma particularidad y por ende pretenden imponerse como una ‘minoría’ y así, victimizarse y pasar el tema a otros niveles de discusión.

Cada situación individual es digna del más sincero y claro respeto: cada condición es propia y debe asumirse con naturalidad por la sociedad. Pero las circunstancias deben ser claras: por ejemplo, dos homosexuales no pueden procrear, por mucho que moleste y eso no es para ponerse ‘bravos’: Lo que raya en lo inadecuado es salirse de su intimidad —eso no significa esconderse, sino irrespetarse— volviéndolo asunto impositivo, muchas veces bizarro de tal manera que genere un rechazo mayor, no por la condición inicial sino por la forma desafiante en que se alboroza y se confronta: muestra clara es una marcha de ‘orgullo’ en la que se exhiben actitudes y manifestaciones que ridiculizan y desdibujan y solo transmiten una angustia muy dañina manifestada agresivamente hacia la sociedad. Ser homosexual no significa nada malo ni bueno, igual que la heterosexualidad: lo que hace cada realidad es cada individuo y su propia intimidad: igual de bizarra sería una marcha de ‘orgullo’ heterosexual si se convierte en algo vulgar e insolente. No es necesario tratar de menoscabar ni exagerar, lo sano es respetarse, aceptarse unos con otros sin intentar ignorar lo inmodificable ni pretender dañar las estructuras.
 

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