Miércoles, 18 Sep,2019
Opinión / FEB 13 2019

No se llene de motivos ajenos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hay peleas que se parecen al juego de la gallina ciega, supongo lo recuerdan. Con los ojos vendados y un palo en la mano, blandiéndolo en todas direcciones, sin saber exactamente a donde está el ‘blanco’. La mayoría solo se desgasta y solo hay un ganador.

Desafortunadamente nuestro actuar se ha convertido en algo parecido a ese juego, pero la diferencia con esa diversión de fiestas o paseos es un inmenso ‘pero’: nos estamos acostumbrando a blandir el palo imprimiéndole la fuerza de las consignas de algún grupo político, o más grave aún, un grupo delincuencial y de manera irresponsable nos lanzamos a hacerle eco a acusaciones o conceptos o impresiones de terceras personas, sin la más mínima ética ni mucho menos responsabilidad moral y en esa canasta caemos todos: en algún momento nos hemos puesto una camiseta sin tener plena conciencia de ‘por qué’ o ‘para qué’ y así nos prestamos como mansos corderitos a seguir a un pastorcito, con frecuencia ‘mentiroso’ sin importar el daño que vayamos dejando en ese recorrido.

Me llamó tanto la atención del expresidente Uribe y la señora Piedad Córdoba, ambos personajes con una estela de odios y calificativos que llevan a las personas del común a agredirlos o vitorearlos en donde se encuentren, por el solo hecho de ser ellos. Mucha gente no sabe ni por qué los quiere o los odia, pero a la hora de manifestarlo lo hacen como si fueran viejos y entrañables conocidos y estuviesen seguros de que todo lo que se habla de ellos es totalmente cierto y justo. No quiero decir que no haya elementos certeros en este extremo ejemplo, mas sin embargo, siendo justos, no todo es como se habla ni mucho menos está respaldado por la verdad.

Lo mismo pasa en la vida del ciudadano de a pie: fácil levantar un falso rumor para acabar con la tranquilidad de su existencia y eso lo manejan muy bien algunos peligrosos políticos. Toda mi vida me ha llamado poderosamente la atención ver, por ejemplo, niñas que no pasan de los veinticinco, muy lindas, casando peleas sin ninguna profundidad para defender a algún jefe ‘poco santo’. Son capaces de ‘odiar’ y ni siquiera conocen al personaje. Si eso es justicia, pues estamos muy enfermos. 

Solo es una sugerencia para intentar retomar la cordura, respirar y contar hasta diez antes de lanzarnos a afirmar lo que no es claro y siempre tener en cuenta que de un hecho sencillo se tejen miles de versiones, se aglutinan miles de ‘testigos’ que no vieron nada y miles de odios o amores sin asidero. No se llene de motivos ajenos, no ceda su criterio, no suelte su timón. No se preste para ser un actor más en la injusticia de muchos.

res[email protected] 


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