Martes, 19 Nov,2019
Opinión / MAR 17 2019

La importancia de un libro

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“La peor tinta es mejor que el mejor recuerdo”, un dicho japonés que se aplica perfectamente a lo que es un libro. En él se traza la memoria de lo que ha sido el rumbo del hombre en la Tierra. Un santuario al que recurrimos de tantas formas que es imposible agotar en él lo que hay de posibilidades y recursos. Pequeño paralelepípedo de tanta utilidad que se diría que no sabemos, todavía, lo que significa y podría significar en la historia de la humanidad; su materialidad es un espejo en el que se refleja el rostro de lo que somos. La Biblia, por ejemplo, con su índice y sus versículos, nos habla del poder enigmático de la escritura, compilada allí para uso de quien lo quiera, sea por lo literario que hay ella o por la práctica de una doctrina. De todos modos, lo que se pretende de un libro, es su poder de transformación personal.

Se diría que es útil de muchos modos, por lo que representa en entretenimiento, información, reforzar o ahondar en conocimiento, debatir argumentos, responder una tarea, sustentar una tesis, confrontar un autor, aprender de algo, ejercitar la lectura, seguir unos preceptos, apoyo emocional o de autoayuda, decorar una repisa. Lo clave es que un libro no es el mismo para todas las personas, cada una lo usa a su modo, en lo que conviene o en razón a los resultados que espera de él. Cumple así con las expectativas y demandas de quien entra en contacto con ese pequeño volumen en el que de algún modo está contenido el mundo.  

Un símil destaca la funcionalidad de un libro: “Caja de herramientas”. Al igual que un libro, en ella siempre está disponible lo que se necesita y lo que es propio para realizar un trabajo. Es la forma más efectiva y audaz  de moldear la materia y, por su diseño, permite un amplio margen de funcionamiento. Pero de nada sirve un utensilio que no se usa y no se sabe para qué sirve. Pues además de contar con las herramientas, habrá un propósito de quien hace de ellas una extensión de su cuerpo y de la mente y, para lo cual, se recomienda siempre un conocimiento previo y un gusto por hacer las cosas.

Para la lectura es indispensable aprender a leer y, a la vez, desarrollar el placer supremo de sumergirse en las líneas y la extensión de una página. La sorpresa vendrá después por la imaginación, creatividad y razonamiento que ha de procurarse, de modo natural, quien se hace amante de los libros. Y sabrá que, de llegar a desaparecer el hombre, con solo que quede una criatura inteligente en la Tierra, esta sería capaz, si cuenta con una biblioteca, de reconstruir el mundo tal y como lo conocemos. Se diría pues, que en la gramática de la vida, el libro destaca porque en él se condensa la huella de lo humano.  


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