Viernes, 22 Nov,2019
Opinión / JUL 11 2019

… Y no pudimos decir nada…

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Vivo en  uno de los conjuntos residenciales de la ciudad que cuenta con servicio de vigilancia y donde la administración del lugar genera un buen número de circulares con el propósito de incentivar  una sana convivencia entre los vecinos,  como es apenas lógico, no falta obviamente quien no esté de acuerdo con sus directrices porque ya es mayorcito, porque las considera obsoletas, porque no se aplican correctivos a los infractores, porque yo estoy pagando, porque es mi casa y en ella hago lo que quiero, etc.

Un día,  alguno de los vigilantes levantó la voz para denunciar una  irregularidad y ese ‘atrevimiento’ le costó un traslado con las desmejoras que se  le ocasionaron,  es claro que es más fácil castigar al más débil y no pretendo con esto que se destierre a quien señaló al vigilante por  hacer su trabajo al pie de la letra, pero sí llamo la atención de todos aquellos que fuimos bien atendidos, respetados y ayudados por el vigilante en mención y no tuvimos el carácter de levantar la voz y señalar una  injusticia.

Hoy recuerdo un párrafo que decía: “La primera vez llegaron de noche, se ocultaron, arrancaron una flor de nuestro jardín y no dijimos nada, la segunda noche dañaron las flores, pisotearon nuestro jardín y no dijimos nada, la tercera vez ocultados por las sombras mataron nuestro perro, rompieron los vidrios de las ventanas y no dijimos nada, la cuarta vez conociendo nuestro miedo, llegaron de día, arrancaron nuestra lengua y ya no pudimos decir nada”.

Hasta cuándo permaneceremos mudos ante las injusticias que se cometen a diario en nuestro país, salarios miserables para los más trabajadores, mientras muchos ‘servidores públicos’ devengan millones, bonificaciones altísimas, auxilios por  legislar en  beneficio de sus amigos o  sus familias y se roban descaradamente el país con contratos amañados y elegantes sobornos.

Hasta cuándo permaneceremos en silencio ante quienes se toman la justicia por su propia cuenta, porque tristemente  en muchos casos nuestra justicia es ciega, sorda, muda, lenta y amañada.

Contratistas que llenan sus bolsillos con la plata para la comida de los niños, la salud de los más necesitados,  que dejan obras  inconclusas y  siguen siendo respetables,  contratando en otra parte y en el peor de los casos reciben apartamento de lujo por cárcel.

Hasta cuándo seguiremos destruyendo el único planeta que tenemos, la única casa con que contamos con el pretexto de que los problemas futuros serán de otros.

Acaso seguiremos indiferentes con la tala indiscriminada  porque no son mis predios,  las basuras arrojadas al suelo porque no es el frente de mi casa,  los excrementos de nuestras mascotas que no recogimos con el pretexto de  que no la vimos, el lavado de los carros con agua potable porque no soy yo quien la paga o  la irracional explotación de oro que envenena el planeta para alimentar la vanidad. Si no expresamos con respeto y firmeza los errores ‘involuntarios’ cometidos, de nada servirá mañana levantar la voz, porque ya no habrá nada que se pueda hacer.

 


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