Miércoles, 16 Oct,2019
Opinión / AGO 25 2019

Equipaje ligero

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Una de las cosas que más disfruto en la vida, aparte de conversar, es viajar. Siempre lo hago llevando muchas maletas. Empaco de todo. Por si esto, por si aquello, por si surge un imprevisto, una invitación no planeada, por si el clima cambia. 

Por si me aburro llevo libros, costura o mandalas para pintar. A mis hijos y sus respectivos cónyuges, que son jóvenes y apasionados viajeros, les resulta inexplicable que yo cargue con tal equipaje. Por esto, cuando me senté a escribir este artículo, la analogía que remite a la pregunta de si el viaje de la vida lo hago tan cargada como cuando voy de vacaciones, me produjo angustia existencial. 

Ir ligero de equipaje es una expresión que hoy cobra un sentido trascendente en un mundo agitado, consumista y lleno de opciones. Dar testimonio de vida de esta que más que una práctica, es una concepción del mundo, es un reto monumental en una sociedad que pone estándares cada vez más altos. 

Sin embargo, muchos le están apostando. Haciendo la respectiva búsqueda en Google me encontré con varias  entrevistas realizadas al expresidente del Uruguay, José Mujica, en las que se refería de manera sencilla y natural a que “andar liviano de equipaje es ir con lo justo, con lo absolutamente imprescindible y necesario para no gastar la única riqueza fundamental que tenemos, que es el tiempo de vida”. 

Aunque es cierto que nos complicamos con cosas fútiles, inútiles e innecesarias que nos llevan a gastar la energía, que no es un caudal ilimitado, y a perder tiempo que como dice Mujica es el activo más importante, invertirlo en aquellas cosas que realmente a uno le motiven no es para nada sencillo. 

Para soltar las maletas grandes y quedarse con un equipaje liviano y fácil, algunos aconsejan poner en perspectiva las expectativas, modular los deseos, cuestionar las necesidades, dejar los miedos o deshacerse de las rabias y los rencores. Tareas todas de gran calado. 

Mientras comienzo el proceso de “limpiar la mochila” al máximo hasta dejar lo esencial, me he propuesto algo un poco más pragmático copiado de un conocido autor de libros de viaje y es que cada cierto tiempo se deshace de algún objeto o lo reemplaza por uno menos pesado y de más calidad. Esto al menos me permitirá preguntarme seriamente si para ser feliz hay que tener más y si pasarla bien con poco es una alternativa posible. 

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