Opinión / ABR 22 2020

El alargue

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Llega uno a rondar predios conspiranoicos. ¿Se trata este caos de una conjura fríamente trazada por mentes y poderes de malevolencia, no imaginada siquiera por guionistas de cine, en busca de instaurar un nuevo orden mundial tras el eventual derrumbe del mundo libre? ¡Dios nos ampare!, exclamarían las abuelas. 

Por desgracia, aterrizando en la hasta ahora paciente Colombia, no solo la inteligencia juega en los alargues del aislamiento. Si la aplicación de test diagnósticos, como es de esperar, se amplía, multiplicándose así los positivos de COVID-19, quienes desde flancos ideológicos bien identificados, mal intencionados, presionan a los gobiernos por una cuarentena indefinida, buscando agudizar la crisis económica, para cobrar al final réditos políticos, tendrán argumento para avanzar en sus torvos objetivos. Es la cáscara que no podemos pisar, ni el Gobierno Nacional, ni la ciudadanía pensante. 

Es torpeza pretender negar la pandemia o restarle importancia. Conscientes de la gravedad de la letal amenaza, instruidos sobre las necesarias medidas preventivas, el camino a seguir, si apreciamos los auténticos valores de la democracia, de las libertades, de un orden económico que ha demostrado su solidez, pese a falencias y desequilibrios propios de cualquier empeño humano, es cumplirlas al pie de la letra. 

En últimas, se trata de demostrar que es posible confrontar cualquier amenaza social validos del orden, del apego a principios elementales de convivencia, del acatamiento a normas y disposiciones. 

Gran parte de las fuerzas productivas que movemos, cada cual desde su responsabilidad laboral, el motor económico, el eje del conglomerado social llamado país, regresaremos a una condicionada normalidad. Los protocolos de seguridad nos comprometen a todos: empleadores, poniendo a disposición de sus colaboradores, clientes y proveedores, los accesorios y materiales de protección necesarios; propiciando y exigiendo distancias requeridas entre personas; funcionarios administrativos y operarios, empleando los elementos sin descuido; la autoridad oficial vigilando las actividades autorizadas a partir del próximo 27 de abril. 

Parecieran agotadas las reservas de optimismo respecto al futuro del mundo, vistos fenómenos tan insólitos, tan abrumadores, como la caída del precio del petróleo, tradicional indicador de fluctuaciones económicas, aunque jamás hasta las simas actuales. 

No obstante, las naciones más golpeadas y otras como la nuestra mejor libradas —más que nada a cuenta de la hábil conducción presidencial— del ataque de la bestia, como la describe el alcalde de New York, han demostrado docilidad respecto a normas de emergencia, al aislamiento social, pero además, una determinación al repeler la idea absurda de romper la unidad indisoluble de vida humana y trabajo, de salud y economía. 

 

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