Opinión / JUL 14 2020

Río Muerto

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En forma descarnada, con singular frenesí, con un lenguaje en primera persona directo y brillante, el destacado escritor Ricardo Silva Romero presenta a los lectores su última novela 1, un libro cargado de dolor y lágrimas: ”Si uno ve Belén del Chamí desde la montaña, que así lo ve uno cuando es un espanto o cuando tiene que correr de afán al monte, parece como si sus setecientas veintisiete casas entejadas fueran un río lleno de basura que se va ensanchando pero no llega nunca al mar, un río que no se va a morir porque es un río muerto (…)” —pág27—, uno de muchos caseríos sin historia, sin Estado, con su miseria galopante, agobiado por la violencia y la muerte.

Segundo Palacios, el hijo de ese pasado de sangre y tristeza, va narrando los acaeceres de una pesadilla sin fin que le ocurre a su familia, cuando es asesinado su padre por delincuentes al mando del comandante triple XXX, una escena casi calcada de la realidad del país, hasta  hoy inclusive, el crimen en sus más variadas formas de brutalidad e infamia;  desde luego no sobra la admonición, que ayer como hoy, pretende echar al olvido el desfile continuado del horror: ”(…) incluso aquí mismo en la guerra  hay que conservar la cordura: puede usted, amigo, amiga, encontrarse en las orillas del río Muerto los miembros mutilados y las reses destazadas  y los viejos suicidas que ha habido por aquí, pero hay que seguir siendo cuerdos en este pueblo que queremos porque Dios santo bendito nos pone en los lugares que tenemos que querer” —pág 99—.

Ricardo Silva es un escritor de grandes obras como Historia oficial del amor, Cómo Perderlo todo, obra ganadora del V premio Biblioteca de Narrativa Colombiana, el Libro de la envidia y otros trabajos de singular factura; en este caso que nos ocupa, su pluma es directa, humana y toca con suficiente sensibilidad, en uno de los dramas cotidianos de Colombia, con sus elementos narrativos más preciados, la memoria, la esperanza y  la ficción en una  sociedad con todas sus constantes trágicas  y dramáticas.

Fácil de leer, el observador encontrará en la cuarentena una novela de duelos que siempre queremos que sea de esperanza. Recomiendo.

Manuelito Sossa

En la ciudad de Filandia murió en días pasados el amigo y líder campesino Manuelito Sossa, un gran señor, apegado a su terruño y soñador siempre de mejores condiciones para el trabajador del campo; fue un excelente vecino y amó a su pueblo y a sus gentes, nunca fue ajeno a las necesidades de sus compañeros. Paz en su tumba.

1) Silva Romero, Ricardo. 2020. Río Muerto. Alfaguara. 156 páginas.

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