Opinión / MAY 23 2020

Cambia tu vida

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“Cambia tu vida porque ha comenzado una nueva forma de vivir: ha terminado el tiempo de vivir para ti mismo; ha comenzado el tiempo de vivir con Dios y para Dios, con los demás y para los demás, con amor y por amor”, papa Francisco.

Sabias palabras del sumo pontífice, como todo lo que él predica. Es cierto, ha comenzado una nueva forma de vivir. Este coronavirus se ha extendido por todo el mundo, de una manera asombrosa, causando dolor y muertes incontables y quienes nos hemos visto hasta ahora libres de él y hemos estado en un encierro obligatorio, siguiendo al pie de la letra las instrucciones del presidente y su admirable equipo de trabajo, estamos protegidos y a la vez, estamos experimentando una nueva forma de vida, confinados, encerrados en el hogar, con una mayor atención de unos y otros, con un tiempo alargado obligatoriamente, en el que seguramente muchos han descubierto virtudes y defectos de quienes integran hoy su hogar, asombrándose de pronto, de cualidades ignoradas, de valores nunca vistos y por qué no, de experiencias acogedoras y ejemplares, que ahora gracias al encierro han salido a la luz. 

Nuestra forma de vivir está cambiando notablemente para bien; son muchísimos los seres humanos del mundo entero que han tenido y seguirán teniendo muy presente la imagen de la muerte y que los ha llevado a apreciar más el valor de la vida, a dejar los egoísmos a un lado, a pensar y analizar lo poco que vale el dinero, las comodidades, los lujos, el menosprecio a los demás, el maltrato generalizado de algunos hacia los adultos mayores, hacia las esposas, los esposos, los hijos y demás familiares; el esclavismo de tantos hacia sus subalternos, el aprovechamiento de muchos hacia sus empleados, en fin.

Llegó la hora de un cambio universal, de un vivir con Dios y para Dios, con los demás y para los demás, como sabiamente lo expresó el papa francisco; sí, porque hoy las oraciones abundan, el dirigirse a la divinidad a cada instante, implorando su misericordia, también. Es el ansia de perdón por lo que hayamos hecho, es el arrepentimiento generalizado, es el pensar que estamos al frente de un enemigo poderoso que tiene sometido al mundo. Nuestra ansiedad, angustia y desconcierto están creciendo. Unámonos creyentes y no creyentes, todos en una sola voz y oremos con fe y esperanza, para que este coronavirus sea vencido por el médico más poderoso, sabio e invencible: Dios nuestro Señor.

“He aprendido de la vida: que, por cada puesta de sol, hay un día que surge; por cada sueño que termina, uno nace; por cada puerta que se cierra, una se abre; por cada amor que termina, otro aparece; para cada final hay un nuevo comienzo, para cada partida hay una llegada, para cada derrota hay una revancha. Nada está terminado, hasta que es la vida”. Paulo Coelho


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