Martes, 16 Oct,2018

Opinión / MAR 01 2018

Corrupción y nivel educativo

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Frente al tema de la corrupción los candidatos proponen desde transformar el sistema político imperante, recuperar la legitimidad de la justicia, romper con el clientelismo, hasta mejorar la cobertura educativa. Medidas generales y de corto plazo que podrían mejorar pero no eliminar el grave problema de la corrupción. Como asunto cultural y económico la corrupción es responsabilidad total de la sociedad. Si la corrupción está generalizada en los distintos niveles y organizaciones del país le corresponde al sistema educativo, desde los preescolares hasta las universidades, liderar a largo plazo las soluciones; de igual manera lograr el compromiso con ellas de las demás organizaciones económicas, sociales y culturales.
 

Resulta singular la relación directa entre corrupción y bajos niveles educativos. El informe de Transparencia Internacional 2017, que midió el índice de corrupción en 176 países, donde 0 corresponde a altos niveles y 100 ínfimos niveles de corrupción, demostró que Finlandia (89), Canadá (82) y Alemania (81) son países con mínimos niveles de corrupción. Nueva Zelanda con 90 puntos es el país con menor corrupción. Por su parte, www.bbc.com, presentó los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos, Pisa, que mide los niveles en ciencia, matemática y lectura de 72 países, demostró que Finlandia, Canadá y Alemania ocuparon los primeros lugares.

Aquella estrecha relación entre alta corrupción y bajo nivel educativo se da también en América Latina. Uruguay con 70 puntos y Chile 69 son los países con menos corrupción y, según Pisa, Uruguay 47 en ciencia, 46 en matemáticas y 51 en lectura fue, en nuestra región, el país de más alto nivel educativo. Por su parte Chile se encuentra en los puestos 44, 42 y 48 respectivamente. En Colombia la situación preocupa. Mientras se ubicó 96, alto puesto en corrupción, al igual que Brasil y Perú, ocupó mediocres puestos en ciencia (57), matemáticas (61) y lectura (54), lugar casi similar a los ocupados por Brasil y Perú.

Formar al nuevo colombiano para enfrentar el problema de la corrupción es obligación de todos, porque al delegar la responsabilidad solo en las instituciones escolares o en los padres de familia, nos olvidamos que la corrupción se vive de verdad en las empresas u organizaciones estatales o privadas del barrio, la ciudad o región donde conviven o se vinculan los futuros ciudadanos. Si bien las instituciones escolares tienen que liderar la formación de competencias comportamentales y nuevos valores éticos, les corresponde a las familias y organizaciones colombianas participar en la reafirmación de tales competencias y valores. Los alcances de tal integración se logran a largo plazo. A pesar que Colombia mantuvo los puntajes de 416 en ciencias, 390 en matemáticas y 425 en lectura respecto a 2015, cayó seis puestos, con 37 sobre 100 puntos, en los resultados del índice de percepción de corrupción para 2016. Quizás sea necesario, desde ahora, que todos los colombianos valoremos aquellos problemas derivados del sistema social imperante para hacer de la educación una concepción diferente y estrategia básica contra la corrupción.

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