Editorial / MAY 23 2020

Depende de nosotros

Coincidirá el fin de la cuarentena general con, según opinión de expertos, los días con mayor número de contagiados y muertos en el país por la pandemia.

El anuncio presidencial de una cuarta extensión del periodo de aislamiento social, justificado y necesario para garantizar una menor cifra de contagiados y fallecidos por coronavirus en Colombia, vino acompañado de la posibilidad de que a partir del 1 de junio la mayoría de los sectores productivos puedan comenzar labores nuevamente. Una noticia que sin duda es celebrada por gran parte de la población, pero que sugiere una prueba de fuego para todo un país y definirá el comportamiento de la pandemia.

Algo es seguro, y es necesario tenerlo claro, los planes del presidente de la República de poner fin al confinamiento general, no obedecen a una disminución en el número de infectados por coronavirus, ni mucho menos a que se hubiera contenido la enfermedad y tampoco a la posibilidad inmediata de una vacuna o un medicamento contra el patógeno. Todo lo contrario, el país y el continente pasan por los días más difíciles. Este viernes en Colombia se confirmaron las cifras más altas de afectados por la pandemia, en un día se contabilizaron 30 decesos y 801 pacientes de la COVID-19. Fue un viernes negro, rematado con el anuncio hecho por la Organización Mundial de la Salud que declaró a Suramérica como nuevo epicentro de la pandemia. Por eso es tan importante, es vital entender que de la adopción y continuidad de todas las medidas de autocuidado y prevención personal dependerá la salud de todos.

Las medidas tomadas hasta ahora no son caprichosas ni alarmistas, son preventivas y además plenamente justificadas. Ejemplos hay, y varios, de países que reaccionaron tarde o con mandatarios tercos a los que les importó más salvar la economía que las vidas, y hoy lamentan la muerte de miles de personas. Este es un asunto de Estado, no se puede confundir a la opinión pública mezclándole a la emergencia sanitaria un color o partido político. El debate público no debería ser sobre si se debe proteger la economía o la salud. 

Es ilógico, impertinente y hasta malintencionado, atizar la angustia que tienen los colombianos por su salud y su economía, anteponiendo al análisis sobre la pertinencia de los decretos presidenciales, los apellidos Duque, Petro, Uribe, Robledo, Cepeda, etc. A quienes creen que todo tiene una explicación en el nombre y partido del presidente de turno, les convendría una dosis de generosidad en su discurso. Ya habrá tiempo para desempolvar expresiones como neoliberalismo, burguesía, lucha de clases, castrochavismo, oligarquías, extrema derecha, izquierda, revolución, etc.; por ahora sería bueno darle prioridad en el discurso a palabras como solidaridad, respeto, autocuidado, prevención, orden, distanciamiento, etc.

Con la flexibilidad de la cuarentena, también se dará apertura a la informalidad. Esa es la realidad de Colombia y cambiarla parece una utopía. En lo que no puede haber informalidad es en las normas que se tienen que implementar y acatar para el cuidado de todos. Colombia necesita empresarios y trabajadores conscientes de que no se pueden subestimar, ni violar, ni ignorar cada una de las recomendaciones en materia de salud. Es la vida lo que está en juego.

Han sido semanas duras, de incertidumbre y angustia por el apagón de la economía. Son miles de empleos los que quedaron colgando de un hilo, que no pase lo mismo con la vida. Mantenerse a salvo y cuidarse es el primer paso para una reactivación económica.

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