Viernes, 23 Ago,2019
Opinión / FEB 11 2019

Descendientes de Babel

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Tal vez  terminó siendo una  bendición el castigo divino a los ufanos constructores de la Torre de Babel en su pretensión de llegar, ladrillo a ladrillo, a alcanzar el cielo.  Condenarlos a explayarse por el ancho mundo provistos de idiomas diferentes cuando antes solo existía uno en toda la Tierra, después de la confusión inicial fue la mejor manera exponernos a la posibilidad de los variados puntos de vista, a la multiplicidad de las  versiones que permiten abordar las realidades sin el peligro de las verdades únicas.

En Colombia, por ejemplo, Virginia Gutiérrez de Pineda y Gabriel García Márquez, dos ilustres descendientes de esa babelia original,  dedicaron sus vidas a escudriñar de manera magistral la realidad colombiana con idiomas y  caminos diferentes. García Márquez se encontró en una  carretera rumbo a Acapulco con la epifanía que iluminó la forma  como abordar  la vigencia universal de nuestra realidad desde las narrativas de la familia Buendía. Virginia Gutiérrez, en un congreso de sociología en la fría Bogotá de los años cincuenta, salto de su silla para discrepar cuando escuchó a un expositor afirmar que la familia colombiana estaba establecida en un ciento por ciento por el matrimonio católico y era un paradigma de amor y de ternura.

La antropóloga y el novelista, santandereano y  costeño, una desde el lenguaje preciso y  pertinente del investigador social y el otro desde la prosa  lírica, desbordada y laberíntica, se dedicaron a escudriñar la  realidad que probablemente sentíamos pero no entendíamos. Virginia con el rigor científico de las tareas de la academia sobre la familia colombiana y Gabo con la pirotecnia del arte narrativo, nos mostraron las glorias y  desvergüenzas características del material de que estamos construidos,  permitiéndonos  sacar a asolear nuestras verdades, partiendo ambos de un trabajo de campo alejado de las verdades reveladas que encierran  los muros  oficiales, esas versiones únicas que nos decían que solo éramos  legado descolorido  de Europa, descendientes de la religión Católica, desconociendo la mixtura racial y cultural que somos, para empezar a mirarnos con respeto por el solo hecho de ser distintos.

Por caminos y lenguajes diferentes Virginia Gutiérrez mostró que somos varios complejos culturales reunidos en la fronteras del mismo país, los andinos, los santandereanos, los antioqueños, los habitantes de los litorales, reconociendo una nueva dimensión de la vida regional y García Márquez enunció la polivalencia y la validez universal de nuestra cultura.

El escritor con reconocimiento universal, la investigadora con un trabajo discreto pero cada día más reconocido considerando el peso específico de sus investigaciones en la vida nacional, dos eximios representantes de la diversidad bienhechora de Babel que después de muchos honores se miran impertérritos desde el valor  simbólico que les dio el Banco de la República al incluir sus imágenes  en los billetes de 10 y 50 mil pesos.


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