Opinión / AGO 12 2020

¿En qué estamos hoy?

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Armenia siendo como es  capital de Quindío con más de 300 mil habitantes,  está en nada,  y no lo digo por el gobierno del que actúa como encargada la abogada Claudia Milena Arévalo, al fin y al cabo a ella le dio la oportunidad el Mais, más parecido a un diminuto granito que a un partido político,  y quien  como hemos visto durante el poco tiempo que lleva se ha defendido con mayores bríos, valor y autoridad, que el ex de hacienda que pasó sin pena ni gloria demostrando  incapacidad máxima y  mediocridad extrema. 

El departamento va al ritmo que le toca el coronavirus al país,  actuando como la mayoría de los gobiernos territoriales como cabezas visibles en la guerra contra la pandemia que nos tiene jodidos a todos. El desgraciado COVID-19  se tiró el crecimiento del país en términos económicos, le dañó el acelerador a las políticas sociales del gobierno y ha quebrado a miles de pequeñas y medianas empresas azotando el empleo y sacándole sangre a los trabajadores colombianos que lo han perdido.

La Hoya del  Quindío que conocimos los hijos legítimos, algunos adoptados y no pocos advenedizos inútiles,  ya no es la misma que contó con una ‘raza altiva de dura cerviz’ en la ciudad,  y que tuvo la orquídea por blasón en el territorio de sus 12 municipios. Ya no somos esa hoya, pero es indiscutible que estamos en la olla. El desempleo de hoy no se había registrado. Sus dos principales factores económicos, el café y el turismo, son víctimas de la miseria del virus que llegó de China sin ser invitado al paisaje enamorador que tiene Quindío.

La corrupción es la mierda que el gato no tapó y está en plena vigencia con delincuentes de la política que siguen llegando de otras  partes,  y con los propios  ladrones que sienten gran aprecio, cariño y simpatía por los dineros del Estado. Esos ‘hijueperras’ como los llama un político retirado —amigo mío—, que financian campañas políticas, u otros que prestan migajas de $50 millones para que no se note mucho el truco, cuando no chanceros, clandestinos, o ‘empresarios malhechores’ que trabajan con todo aquel que muestre posibilidades de ganar elecciones para después jugar al sometimiento bilateral que sirve para que unos y otros se enriquezcan con los dineros públicos. 

Que Dios le permita al gobernador Roberto Jairo Jaramillo Cárdenas el irse alejando de todos esos sujetos de los que hay que desconfiar. Un muchacho de tan buena familia como Roberto Jairo tiene derecho y por supuesto obligación de sacar la cara por la sociedad a la que ha pertenecido. Defenderla con todo el tesón y fuerza de la raza, utilizando de la heredad sus virtudes y  mandando a comer mierda a los corruptores del medio por cercanos que se muestren. Hasta ahora no hay cargos de dolo en su contra y los sospechosos y sospechosas que llegaron con él al comienzo ya se fueron. 

Y para terminar, estamos hoy en una etapa buena para experiodistas que buscaron otros horizontes. Lo hizo Sandra Milena Urrea Orlas, hoy abogada exitosa. Quien se desempeña en los estrados judiciales como penalista, haciendo uso de la inteligencia que se necesita en el saber del derecho penal o procesal. 


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