Lunes, 22 Jul,2019
Opinión / JUL 11 2019

Estado de opinión

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Desde tiempos inmemoriales han pregonado profetas, iluminados y excéntricos el futuro de las sociedades humanas a través de discursos exotéricos:

Continuamente se anuncia el advenimiento de un ser superior que vendrá a restaurar el orden que el hombre ha desviado de la guía señalada por esta divinidad; para lo cual se dictaminan fórmulas de comportamiento con el fin de estar preparados al momento de su arribo.

Por lo general se atribuye a las fuerzas del mal la causa de la pérdida del sendero correcto y se busca exorcizar a quienes han caído en sus garras. Una de esas vertientes donde el maligno hace estragos está representada en duendes, demonios y brujas de quienes nadie escapa y cada cual posee una anécdota para contar en reuniones familiares o de amigos. 

Más, en tiempos recientes han hecho carrera dos tendencias: la amenaza de invasión extraterrestre: marcianos, venusianos… que se proponen esclavizar a los terrícolas. Y, gracias a las profecías del Apocalipsis, legiones de personas le rinden culto al genio del mal erigiéndolo su señor.

Todas estas imaginerías que circulan en las conversaciones cotidianas, la ciencia, que pisa en terrenos más sólidos acogiéndose a la naturaleza, las convierte bellamente en relatos de ciencia ficción. 

Pero, la globalización de la información a través de las redes digitales recoge este caldo de cultivo para que en él germinen esas tendencias en versiones renovadas: ahora se prepara la llegada de los ángeles extraterrestres que auxiliarán a los humanos y enderecen la senda perdida; por las redes sociales se cuentan experiencias paranormales que permiten entrar en contacto directo con las fuerzas del mal; los terraplanistas se empeñan en decir que el globo terráqueo es plano. Todos estos discursos afirman que la ciencia y los científicos ocultaron la verdad porque están en asocio con el poder para engañar.

Contrario a esto, los científicos investigan el comportamiento de la physis: Karl Popper, filósofo de la ciencia, sostiene que los investigadores buscan la verdad pero no la poseen; Carl Sagan, astrofísico, manifiesta que de vez en cuando con la ciencia le arrancamos una verdad provisional a la naturaleza. 

En consecuencia, llegar a poseer una verdad por consenso es retroceder miles de años y reabrir las puertas del horno inquisitorial ¿Se incinerarían personajes que no comparten esas verdades que está imponiendo el nuevo poder populista de las mayorías?


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