Miércoles, 20 Mar,2019
Editorial / MAR 16 2019

Insurrección moral

La movilización ciudadana más racional que emotiva, y eso sí, orientada hacia los cambios positivos, hará que suceda lo mejor para la suerte democrática de Armenia, el departamento del Quindío y todos y cada uno de sus municipios.

Y fue un 16 de marzo cuando Manuela Beltrán grita “Viva el Rey y muera el mal gobierno” frente a la alcaldía de Socorro, Santander, durante la Revolución de los Comuneros en 1781. Ya desde 1779 había en el país 15 diferentes alcabalas o impuestos que todo lo gravaban: las mercancías importadas de España, las pequeñas artesanías del país; el comercio de pulperías o tiendas, carnicerías y almacenes; la molienda de caña y las actividades agrícolas y ganaderas en las haciendas o pequeñas propiedades, las operaciones de finca raíz y otras más. Otro impuesto se hizo sentir con especial fuerza en la región socorrana, de desarrollada artesanía textil: el impuesto al algodón hilado, especie de moneda para intercambio de productos. Los indígenas, principales artesanos, veían gravada su producción de algodón hilado y los productos elaborados.

Informados y despiertos habitantes del nuevo reino seguían con atención los acontecimientos, uno de ellos Juan Francisco Berbeo, vinculado en diferentes formas a la Revolución de los Comuneros. Era un modesto propietario y negociante cuya riqueza en Socorro lo ubicaba en situación de persona muy importante en la región. Luego apareció quizás uno de los más recordados líderes de la entraña popular santandereana y colombiana, José Antonio Galán.

Estos pequeños retazos de historia los tomamos como referente quizás para seguir moviendo y estimulando la idea de ‘pellizcar’ a la opinión pública frente a todo lo que ha ocurrido en el territorio y sobre cómo se torna urgente que haya una reacción contundente frente a lo que serán los desafíos de ciudad y de departamento en los próximos años. Quizás un tipo de insurrección moral en la cual la proclama de defender lo público como patrimonio ético y asunto sagrado al decir de Mockus, ayudaría a que corriera la voz en grito llamando a cada ciudadano a tomar conciencia sobre el tipo de región que queremos y el tipo de departamento y capital que merecemos.

Solo con una ciudadanía emancipada frente a los colosos de la corrupción y las estrategias oscuras de retoma de poder, es como se podrán enfrentar las nuevas amenazas a la democracia local. Vuelven las grandes maquinarias y los oligopolios electorales a pretender ganarse el poder local sin pena, sin ruborizarse, sin pudor y sin escrúpulos. Se equivocan los que creen que ya la gente olvidó lo que pasó y que ‘pasarán de agache’ frente a las elecciones de octubre.

Solo si la sociedad se sacude y mira fijamente a los ojos de los suyos, quizás la capacidad de asombro no desaparezca y entonces la reacción popular, la insurrección moral y la voluntad ciudadana puesta a prueba en las urnas, despejará las dudas acerca de qué es lo que quiere la gente. O seguir consumiendo de lo mismo rompiendo topes de la indigestión corrompida, o respetando la norma y haciendo prevalecer las propuestas y la honestidad como carta de presentación del tipo de gobierno que necesitan los municipios quindianos y el propio departamento.

La movilización ciudadana más racional que emotiva, y eso sí, orientada hacia los cambios positivos, hará que suceda lo mejor para la suerte democrática de Armenia, el departamento del Quindío y todos y cada uno de sus municipios.

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