Opinión / JUN 30 2020

La bolera embolatada

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Una bolera pública, que permita la adecuada formación de nuestros deportistas y que, a su vez, se convierta en un detonante para que miles de quindianos empiecen a practicar los bolos, ha sido un sueño desde hace décadas en el departamento del Quindío.

Este anhelo, que en realidad es más una obligación con un deporte que le ha entregado grandes alegrías a nuestra tierra, parecía materializarse con la organización de los Juegos Nacionales y Paranacionales 2023. Para la realización de estas justas, el Quindío propuso la construcción de tres escenarios deportivos: coliseo multideportes, complejo acuático y bolera.

Pero la construcción de la bolera pública empezó a enredarse porque el gobierno departamental manifestó que, al no tener recursos, podría valerse del escenario que se construye en el parque recreacional de Comfenalco, para albergar la competencia deportiva.

Vale la pena recordar que un departamento se postula para ser sede de unos juegos o de un campeonato por la infraestructura que le queda, ya que el gobierno nacional aporta el 45 % de los recursos, mientras que los entes locales deben destinar el 55 % restante.

Claro que no hacer una bolera y utilizar la que construye Comfenalco le ahorra dinero al departamento, pero también desaprovecha el recurso de la Nación. Además, ese escenario deportivo, que técnicamente puede albergar juegos nacionales, no sería público, ya que estaría destinado para afiliados de Comfenalco y quedaría retirado del centro de Armenia, lo que sería contraproducente si se piensa en la masificación de este deporte.

Otro punto es que dicha bolera tendría 12 pistas y no 20, como se requiere para eventos internacionales. Si vamos a pensar, pues pensemos en grande. 

Alberto Franco, asesor técnico de la gobernación, aseguró que la construcción de una bolera pública costaría $15.000 millones. Jorge Franco, gerente de la Federación Colombiana de Bowling, informó que las pistas requeridas para contar con aval internacional valdrían, aproximadamente, $3.000 millones, más la construcción del recinto y el lote, el cual podría ser del mismo municipio, lo que reduciría los costos presupuestados desde las administraciones públicas.

Además, la federación anunció su colaboración dentro de un plan que contempla el fortalecimiento mundial del bolo para que se convierta en deporte olímpico.

La falta de dinero es evidente, siempre lo ha sido, pero no puede anular la gestión. Si no hay plata, pues hay que salir a buscarla, allí es donde se prueba el talante de los dirigentes. Porque para decir que no hay plata y que no se puede, sobra gente.

 


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