Lunes, 17 Jun,2019
Opinión / ENE 12 2019

La gratitud

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“La gratitud siempre tiene cabida en nuestra vida. Estudios demostraron que la gente agradecida es más feliz porque en vez de preocuparse por las cosas que le falta, agradece lo que tiene”, Dan Buettner.

¡Qué sabia reflexión! Eso es cierto, la gente agradecida es más feliz. Este es un tema que comprende muchísimas situaciones en la vida de los seres humanos. ¿Quién habrá que no tenga qué agradecer? Cuando nos encontramos frente a personas o situaciones en las que debemos hacerlo, lo podemos decir de mil formas diferentes con expresiones como: Muchas gracias, Dios le pague, Dios lo bendiga, le quedo sinceramente agradecido, y casi siempre acompañados de un apretón de manos, un fraternal abrazo, un beso. Siempre habrá un motivo para agradecer y no solo por las cosas materiales. Se puede dar gracias por una enseñanza, por un consejo a tiempo, por una voz de aliento, de esperanza, por una ayuda oportuna en momentos de crisis. Saber agradecer es tener siempre presente la ayuda que hemos recibido; pensar con sentimientos de gratitud hacia todos aquellos que alguna vez nos proporcionaron una colaboración, nos dieron alguna cosa que satisfizo una o varias de nuestras necesidades; esto debería ser una obligación moral de estricto cumplimiento. Nada hay que duela más, que hiera más, que la ingratitud. Quien no agradece o quien olvida fácilmente todo lo que ha recibido, carece de una de las cualidades más grandes del ser humano: ser agradecido. En este tema de la gratitud, debemos pensar en los padres, esas personas que dedicaron sus vidas al cuidado y formación de sus hijos y que lamentablemente muchos de ellos han sido abandonados, olvidados, relegados, llevados a instituciones para adultos mayores y que están viviendo la ingratitud de sus hijos. Además de ellos, debemos guardar una enorme gratitud por los profesores que fueron los artífices de nuestra educación y de quienes recibimos valiosas enseñanzas. También están en esta lista, los médicos, esos seres que viven para hacer el bien y que nos dan lo más preciado: nuestra salud; a ellos y a sus auxiliares, muchas gracias ¡por siempre! En el campo espiritual sí que debe expresarse el agradecimiento, La mayoría de las personas invocan a Dios para hacerle peticiones de toda clase, piden y piden, pero pocas veces se acuerdan de agradecerle: por la vida, por el universo, por tener una familia, por los paisajes, por los animales, por toda la naturaleza. Un agradecimiento de corazón por tantos dones recibidos. En esa expresión de gratitud por todo lo que contiene nuestro mundo, nuestra vida, se encierra un gran misterio: “Agradecemos aún sin recibir lo que hemos pedido y todo se da, todo se consigue”. Es una ley divina. “Padre te doy gracias porque me has escuchado. Yo sé que siempre me escuchas”. Juan 11: 41-42

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