Miércoles, 19 Jun,2019
Opinión / JUN 13 2019

La puerta sellada

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La pregunta por quién es el hombre, quizá está latente desde que el homínido fue consciente de sí mismo. Más, cuando se rastrea en las tradiciones orales, los mitos, las leyendas, los libros religiosos y de historia, estas respuestas al interrogante están dadas por explicaciones externas a la esencia de ese ser que consulta.

Generalmente las contestaciones apuntan a que el hombre fue creado por una fuerza o un ser superior; tal vez, porque no acepta su condición de mortal como los demás seres del planeta. Así lo presenta Rodolfo Llinás en su libro: El cerebro y el mito del yo, citando a Charles Sherrigton, quien insinúa que si algún día los seres humanos llegaran a enfrentarse cara a cara con su verdadera naturaleza, este conocimiento podría desencadenar en la caída de la civilización. 

Civilización que apenas comenzó hace cuatro mil años, mientras se calcula que la aparición de los primeros homo sapiens lleva unos seiscientos mil. En este sentido, Friedrich Nietzsche en Humano demasiado humano, llama la atención cuando habla del pecado original de los filósofos: una vez que estos, “parten del hombre actual y se les aparece como una verdad eterna, como un elemento fijo en todos los remolinos, como una medida segura de las cosas. Pero todo lo que el filósofo enuncia sobre el hombre no es, en el fondo, más que un testimonio respecto al hombre de un espacio de tiempo muy restringido”.

Carl Sagan sienta en su libro Cosmos que apenas nos estamos dando cuenta de todo el espacio-tiempo recorrido desde la explosión del big-bang, unos trece mil ochocientos millones de años, una incógnita muy extensa para un ser tardío en el surgimiento de la naturaleza.

Sin embargo, se han venido construyendo disciplinas que permiten adentrarse en el enigma de la esencia del ser humano, como la lingüística que estudia el aparato fonador, obligando a la auscultación anatómica del cuerpo; la psicología que indaga sobre la mente de los individuos y las colectividades, y recientemente, la etología que investiga sobre el comportamiento de los animales abarcando también el de los humanos, que igualmente se origina en sus antepasados.

Estas tres disciplinas serían el material conque se está fabricando la llave que probablemente abrirá la puerta sellada, y que le proporcionará a este ser incierto algunas certezas sobre la esencia humana.

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