Miércoles, 16 Ene,2019

Opinión / ENE 12 2019

Lo que nos deja el 2018 II

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En esta segunda parte de Lo que nos deja el 2018, me acercaré al territorio nacional. La crisis ecológica es tanto a nivel global como local. Lo que pasa en algún rincón del planeta incide en nuestro territorio y a la vez que somos aportantes al deterioro ambiental, podemos ser parte de la solución.

Comencemos reiterando que el modelo extractivista y depredador que han ido profundizando los sucesivos gobiernos colombianos, nos está conduciendo a la pérdida de los llamados recursos naturales sin beneficio alguno para la mayor parte de la población colombiana. Pareciera que la misión central de todo el organigrama estatal estuviera al servicio del saqueo del territorio nacional. 

Los desarrollos hidroeléctricos grandes y pequeños, que se han venido ampliando por todas partes, son los causantes de graves impactos socioambientales en los sitios que se construyen, generando conflictos con las comunidades que los habitan, y que los gobiernos siempre buscan resolver a favor de las empresas responsables de los daños causados. Casos muy disientes son el Quimbo e Hidroituango. 

La devastación de grandes extensiones de selvas, que en el año pasado aumentó considerablemente, las están convirtiendo en interminables potreros que se dedican a la insostenible ganadería extensiva y conllevan además al acaparamiento de las tierras. Las mismas reservas naturales y los territorios indígenas están siendo impactados por tan criminal deforestación. A la Amazonia denominada como el pulmón del mundo, lo quieren herir de muerte.

La minería como plaga se expande por todos los horizontes. Desde la megaminería hasta pequeñas explotaciones de la llamada minería artesanal. Desde la legal, es decir la que cuenta con autorización gubernamental hasta la ilegal o criminal como se le denomina desde la institucionalidad. Todas causando deterioros irreversibles en su entorno. Destruyendo paisajes y envenenando lo que tocan. Empobreciendo comunidades y saqueando lo que a ellas les debería pertenecer. 

Según información de la Defensoría del Pueblo, en los primeros 11 meses de 2018, ya habían sido asesinados 164 defensores ambientales en Colombia, 153 hombres y 11 mujeres. En el 2017 fueron 126 los asesinados por intentar salvaguardar los territorios. 

Cada día crece la resistencia de los pueblos por la defensa de sus regiones. Expresan su rechazo a la agresión realizada desde el poder económico y político a los espacios donde por décadas y hasta siglos, han construido sus vidas y sus culturas. Utilizan múltiples maneras de expresar su repudio. Redes sociales, tutelas, demandas legales, consultas populares, diversos medios de expresión y hasta marchas multitudinarias.

En el Quindío, al igual que se extienden las afectaciones al territorio por el modelo de desarrollo impuesto, las comunidades continúan su proceso organizativo y de manifestación contra el deterioro acelerado de su entorno. Son múltiples los conflictos ambientales que se presentan en el departamento y diversos los sectores sociales más afectados por unos u otros.


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