Opinión / SEP 17 2020

Nos están timando

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Timochenko, el exguerrillero, comenzó a sentir remordimiento por las atrocidades causadas por las Farc a los colombianos justo después de que la pareja de Tirofijo, hoy segunda vicepresidenta del Senado en representación del partido Farc, de la manera más cínica negara el reclutamiento de menores. 

A partir de ese hecho, la opinión pública, incluyendo algunos amigos del proceso de paz, comenzaron a evidenciar la falta de voluntad y consciencia de contar la verdad a los colombianos por parte de los jefes desmovilizados —más o menos nos están timando—.

Tan solo a unos días del desafortunado episodio de negación y supuestamente conmovidos por las declaraciones de Íngrid Betancourt, el secretariado de las Farc 

—aún se autodenominan así, ha de ser que el subconsciente obra— emitió un comunicado, manchado con lágrimas de cocodrilo, reconociendo lo atroz del crimen del secuestro —hasta ahora lo vienen a notar—. Y a partir de ahí, una gira de medios para tratar de tapar la falacia de la honorable congresista. Una estrategia de comunicaciones fríamente calculada.

La verdad dosificada ha comenzado a salir como un gancho dramático al final de un capítulo de ficción, “esto no es para botarlo todo de una vez”, dijo Timochenko en W Radio, unos minutos después de haber sentenciado: “Nosotros no queremos hacer de este tema un espectáculo” —¡vaya oxímoron!—. En otra entrevista del show, perdón, de la gira de medios, en tono melodramático le dijo a la periodista Diana Calderón: “Se va configurando unas Farc que yo entro a odiar”, lo que se contradice con lo expresado en la otra emisora, donde afirmó no ser un “apóstata”. 

A regañadientes, Timochenko, al mejor estilo de Samper Pizano con el proceso 8000, le dijo a Caracol radio: “Hay cosas que desafortunadamente yo no conocía, no conozco” —otro elefante colombiano resoplando a las espaldas—, además se lavó las manos “a mí me respetan un poquito… independientemente de que soy un criminal, un asesino, lo que ustedes quieran, yo no voy a dejarle un legado a mi hijo que digan que el papá violaba niñas, niños y todas esas barbaridades”. ¡Semejante despropósito! reclamar respeto y ‘escurrir el bulto’. ¿Aquí no aplica la responsabilidad institucional? Igual su hijo se enterará de que se hizo el de la vista gorda ante los vejámenes. 

Increpado por Juan Pablo Calvás ante las verdades ausentes, el máximo dirigente del partido Farc y último jefe supremo de la guerrilla del mismo nombre, dejó salir su espíritu autoritario y desafió a su interlocutor con voz de patrón ofendido: “¿¡Entonces quiere que se las diga aquí!? ¿¡Me está retando a que se las diga aquí!?”  

Han tenido cuatro años para hacerlo ante la JEP sin mayor presión, viviendo a sus anchas y gozando de poder, entonces sí. Aquí es un buen lugar y momento.

 

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