Opinión / AGO 12 2020

Un cuento llamado polarización

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Era la una y doce minutos de la tarde cuando publicó en su red social favorita el mensaje de la ‘privación de su libertad’. Casi al instante —con unos minutos de diferencia— los medios de comunicación replicaron esta noticia que procedía de quien iba a estar en ‘casa por cárcel’ durante los próximos días. Por supuesto, no faltaron algunos medios de comunicación que desde el espectáculo cotidiano de las palabras antecedieron los titulares con las vacías y ya desgastadas expresiones de ‘primicia’ o ‘exclusiva’.

Apelando a las emociones y a su familia, el hombre que durante las dos últimas décadas ha sido protagonista de la narrativa de este país le ganó —nuevamente— una partida a los medios de comunicación. Su anuncio, tan humana y estratégicamente presentado, provocó que el ‘protagonista contagioso’ de los noticieros de los últimos meses pasara a un segundo plano. Aquella noticia de quien hemos visto envejecer ruidosamente se propagó cual virus.

Un trino con unas palabras tan comunes, tan cercanas, tan dramáticas, hacían sospechar que aquel 4 de agosto de 2020 pasaría a la historia como uno de los días —y tiempos— más polarizados de Colombia. Se empezaron a ver sentimientos de júbilo por la justicia, expresiones de solidaridad por aquel exgobernante, miles de mensajes de apoyo a la honorable Corte y miles más en su contra; análisis por doquier construidos a la medida de uno u otro punto de vista, panoramas optimistas luego de una posible judicialización, propuestas para salirle al paso a tales ‘injusticias’, masivas caravanas de carros convocadas, fotografías de lánguidas caravanas, imágenes de gente con camisetas de la selección como fueran al estadio. Sin duda, el país empezaba a mostrar señales de división.

Y todo indica que este panorama empeorará, ya que estaremos en medio de los discursos que cada lado querrá imponer como forma de afianzamiento de su poder. Estos, sin duda, estarán marcados por la configuración emocional para mover ‘las fibras’ más profundas de los ciudadanos en pro de los intereses particulares. Hoy día, por ejemplo, ya se habla de decisiones judiciales con tintes políticos o de propuestas de reformas a la justicia, e incluso, de constituyentes para ‘refundar’ al país. Todo bajo el marco de la subjetividad de las personas o de los colores partidistas y alejándose de lo que en este caso es lo objetivo: la ley. 

Pero lo más peligroso del actual contexto polarizado es que empiezan a configurarse ‘realidades’ desde las falsedades y verdades a medias. Y todo en nuestras narices, con vitrina gratuita en los escenarios informativos. Aquí es donde los ciudadanos deberíamos ser conscientes de que este contexto de opinión es el afianzamiento de la ‘verdad’ de quien mejor cuenta el cuento según lo que pretenda. Un cuento bien contado que termina enrutando el futuro de un país.

 


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