Lunes, 23 Sep,2019
Opinión / SEP 12 2019

Viuda de Pablo Escobar, escribió

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En las 523 páginas del libro Mi vida y mi cárcel con Pablo Escobar, la palmireña Victoria Eugenia Henao Vallejo cuenta su historia, recordando que él de 23, mostró mucho interés por ella de 12, en 1972. 

Parientes de cinco mil asesinados, según orden de Pablo, le preguntan cómo pudo acostarse con ese monstruo; qué la motivó a no entregarlo. Contesta que porque estaba enamorada, fue el único novio, criada en una cultura antioqueña, machista, católica. Debió guardarle fe, socorrerlo, permanecer a su lado en todas las circunstancias de la vida, hasta que la muerte los separara, sin preguntar nada, durante 20 años de casados.

Soportó todo para mantener unido el hogar. Al terminar la investigación realizada con el objeto de escribir este tomo biográfico quedó estupefacta, abrumada de espanto, convencida que tenía del compañero escasos datos percibidos de oídas, en radio, periódicos y televisión.

Vivió poco tiempo tranquila, casi siempre escondida, temerosa. Toleró cachos, amantes, soledades, humillaciones, allanamientos, amenazas de muerte, bombazos, detenciones, atentados terroristas, hasta la explosión en su morada de un carro con 700 kilos de dinamita. Al vivir con miedo de los enemigos de su esposo no pudo volver a caminar en la calle, careció de los derechos a opinar o decidir, mantuvo embobada en el cariño que sentía.

Quienes se atravesaron en la carrera criminal de Escobar recibieron balazos de metralleta, cuchilladas, voladura de los sesos, corte de franela o pescuezo. Juan Pablo, el hijo, publicó el documental Los pecados de mi papá, y dos textos: Pablo Escobar, mi padre y Pablo Escobar infraganti, a fin de que no se repita el quehacer del maleante más despiadado de Colombia. 

En calidad de esposa pide perdón por las atrocidades del consorte. El heredero, al leer estos recuerdos, cambió muy mal la visión que tenía de papá; ella se cuestiona lo que hizo o dejó de hacer, está triste, padece vergüenza, pues su marido, nacido en 1949 en Rionegro, tiroteado de 44 años sobre un tejado medellinense en 1993, ocasionó excesivo y desgarrante dolor.

Finaliza el prólogo de la obra —excelente narrativa, cero errores sintácticos—confesando que el pasado la atormenta, sufre, el fantasma de Pablo le perturba el sueño, no la deja dormir en paz, su existencia quedará corta para ofrecer excusas.


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