Opinión / MAY 25 2020

2 de 10 o… ¿Hasta cuándo?

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Debe la sociedad hacer una alto en el camino y evaluar en qué se está convirtiendo, qué fue y cuál el futuro que quiere. Entre más de 1.000 municipios del país, más de 30 capitales de departamento, solo 10 fueron anunciadas como generadoras de corrupción e investigadas, con imputación de cargos y solicitud de medida de aseguramiento para sus alcaldes. Respetando el principio del debido proceso y la presunción de inocencia, y ante las afirmaciones de los señores procurador y fiscal general de la nación, no es justo con esta tierra que 2 de los 10 alcaldes declarados a imputar delitos contra la administración pública, sean el de la capital de Quindío y el de la segunda ciudad de esta entidad territorial.

El departamento más pequeño de la patria, con solo 12 municipios, y sus 2 principales villorrios y sus autoridades en el ojo del huracán nacional nos dejan como el más corrupto del país en términos de porcentajes por autoridades, localidades, habitantes y extensión. Sin importar el resultado de las investigaciones y los juicios, ya en la retina de la opinión nacional, quedamos de primeros en la clasificación general de la corrupción en la COVID-19, así como en el desempleo y otros problemas sociales.

Y más lamentable aun es que desde hace más de 20 años los burgomaestres de la capital han terminado destituidos, o encarcelados en ejercicio de sus funciones o después de dejarlas, pero siempre por actuaciones en el ejercicio del cargo. Ya salen algunos a enfrentar la bacteria enquistada en las administraciones, pero muchos que obran de funcionarios o partidos que participan en los gobiernos, a poner distancia, ya se esperan las renuncias o las aspiraciones a los encargos, olvidando que estuvieron o están cerca de la enfermedad y que ya deben estar contagiados. Tristemente la situación del segundo municipio en los últimos tiempos podría calificarse de tormentosa.

Ya en la campaña que pasó, el voto en blanco expresó la inconformidad con lo que está pasando en la ‘villa de Tigreros’, y en general en el territorio quindiano. Hoy la pregunta es ¿hasta cuándo? ¿Será que nos relegaremos a aceptar estos niveles de pérdida de valores en la administración y la consecuencia de que nuestras familias se vuelvan tolerantes a estas actuaciones? 

Yo creo que son más los buenos, los que quieren servir desde el liderazgo y el manejo de la cosa pública. No es para aceptar que se vuelvan a elegir predicadores de cambio cuando sus antecedentes o compañías no lo reflejan, o improvisar con destellos de inexperiencia. Ahí el ejemplo para mirar cuándo el Estado nombra para garantizar los derechos de las víctimas al hijo del victimario. Como lo decían los abuelos, se predica con los hechos. ‘Qué buen maestro es el ejemplo’ es un dicho hispano, por eso nadie puede dar de lo que no tiene. 

 


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