Martes, 15 Oct,2019
Opinión / AGO 01 2019

A 200 años de la independencia

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La libertad hoy disfrutada comenzó hace tres siglos en suelo anglosajón, apalancada en las filosofías de John Locke, Jeremías Bentham, Rousseau y la Revolución Francesa, que fueron acogidas por el general Francisco de Paula Santander, después de la Batalla de Boyacá, con el objeto de edificar el naciente Estado.

Locke (1632-1704) inglés del siglo XVII, en su Ensayo sobre el entendimiento humano, percibió el sistema feudal en crisis, auge de la burguesía mercantilista, florecimiento de la ciencia y edificación del liberalismo político. En esa centuria de cambios el Reino Unido estaba alterado por las conmociones partidistas y religiosas, la nueva clase de comerciantes ponía en jaque a la rancia aristocracia, surgieron horizontes de libertad, empezó el derrumbe del absolutismo. 

Defensor del justo medio y el sentido común, Locke fustigó la tiranía monárquica, inspiró el ideario de las revoluciones estadounidense (1776), francesa (1789) y neogranadina (1819). Los conservadores vieron en él a un rebelde, los anarquistas cual retrógrado, el marxismo al teórico de la propiedad privada, recuerda Sergi Aguilar en el libro La mente es una tabula rasa. 

Triunfantes los parlamentaristas británicos, sobre el decapitado rey Estuardo Carlos I en 1649, Oliver Cromwell instauró la República. En esos cien años cuando mandaban dinastías omnipotentes, el fanatismo bíblico hacía mucho daño, Locke empujó el gobierno elegido por la mayoría rechazando a dictadores. 

La asamblea legislativa inglesa no se originó mediante una revuelta popular, sino en un proceso histórico paralelo al desarrollo de la sociedad; los nobles y la emergente oligarquía se aliaron a fin de proteger sus intereses asegurándose que el monarca no tuviera el control de sus finanzas. Restringieron su poder, impulsaron la autonomía de las cámaras con argumentos de Locke. 

Iusnaturalismo y contrato social son las dos concepciones nacidas en el siglo de Locke (XVII). ¿Qué explica y legitima el paso del derecho natural al positivo, de un estado de naturaleza, salvaje, a la sociedad organizada? Aristóteles sostuvo que el individuo es un animal político, zoonpolitikón. 

Los seres humanos ceden parte de su albedrío al Estado —no sus derechos— para garantizar su goce. En la ideología de Locke hay ciudadanos, con Hobbes, súbditos. Santander se nutrió de esa riqueza intelectual para instalar un gobierno independiente sobre los escombros del colonial vencido en el campo de batalla. 

 


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