Editorial / JUL 09 2020

Abrir las iglesias

Tal vez sea tiempo, además de liberar horarios y cédulas para salir a comprar, de correr los cerrojos en las iglesias para que los creyentes renueven su fe en lo que les da fuerza para luchar.

Abrir las iglesias

Con distanciamiento social y la disciplina de los fieles, más la adopción de algunos cambios en los rituales y la implementación de todas las medidas de prevención, sería conveniente considerar la apertura de los templos, por horarios cortos y no todos los días, en Armenia. Desde la diócesis han demostrado su capacidad de adaptación al cambio y no son tercos en la implementación y promoción de los protocolos y rutinas de higiene y aseo para que la posibilidad de contagio sea mínima. Aunque los templos han estado cerrados, la iglesia siempre ha estado abierta y a través de las redes sociales han hecho lo pertinente para no faltar con el alimento espiritual todos los días para la feligresía.

Dependerá mucho, como pasa con todos los sectores productivos que han sido habilitados, del grado de conciencia colectiva sobre el cuidado personal para no arriesgar la salud ni la de los demás y mantener la apertura de los edificios donde se replica la palabra de Dios. Lo que hasta ahora ha pasado con las parroquias de los municipios quindianos en donde han podido recibir fieles es una cuota de confianza para lo que podría ocurrir esta semana en la capital quindiana.

La población católica de Armenia está esperando la apertura de su catedral y de las parroquias, los creyentes están ávidos de esos momentos de paz y profunda reflexión que solo encuentran bajo el techo de la casa de Dios. Seguramente las ceremonias serán más cortas, el número de misas será menor, la comunión será diferente, los asistentes no se podrán dar el saludo de la paz y deberán conservar el tapabocas todo el tiempo, amén de la toma de temperatura y de los datos personales, del distanciamiento físico en las bancas y de la forma como se hará el sacramento de la confesión.

En momentos de tanta angustia y soledad para muchos, convendría reflexionar profundamente sobre la conveniencia de abrir los templos. Esa, para buena parte de la población, también podría ser parte de la vacuna espiritual que están necesitando para soportar tanta zozobra y desesperanza a raíz de tantos males que ha incubado tan poderoso virus. Capítulo aparte merecerá un trato especial para los mayores de 70 años, tan vulnerables a la enfermedad pero a la vez tan devotos.

Si ya se autorizó que las personas puedan sentarse a manteles en los restaurantes, conservando la distancia entre las mesas, sería prudente autorizar que las personas se sienten en las butacas de las iglesias, distanciadas unas de otras, para alimentar el alma y tomar un nuevo aire para seguir en la tremenda lucha de inteligente supervivencia que puso sobre la mesa la pandemia. Es posible, si hay solidaridad y prudencia por parte de la ciudadanía valdría la pena intentar correr esos cerrojos que mantienen cerradas las puertas de las iglesias.

Poco a poco, sopesando la angustia por sobrevivir, los quindianos han dado muestras de buen comportamiento personal para afrontar la enfermedad que se instaló en todos los continentes. Continúan algunos excesos y la lección del primer día sin Iva parece haberse aprendido, pero en términos generales, y las cifras así lo demuestran, hay disposición y buenas acciones para controlar la propagación del virus. Eso también debe tenerse en cuenta para que pronto se vuelva a escuchar en las iglesias: y con tu espíritu.

 

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