Jueves, 20 Feb,2020
Opinión / NOV 25 2019

Acuerdos y reformas

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Lo del jueves no puede entenderse como una simple y emotiva participación de los ciudadanos en una protesta. Esa fue una demostración multitudinaria de los malestares de los colombianos. 

Si bien fue convocada por algunas organizaciones, terminó siendo una protesta por temas como la corrupción, el manejo a la seguridad social, el régimen educativo, las políticas de inclusión y la búsqueda de la verdadera paz. Pero también es el rechazo a la violencia que desgraciadamente se reflejó por la actitud de algunos que hoy se pregunta, si son encargados y patrocinados por un complot internacional o simplemente delincuencia social o mafiosa. 

Fuera de la discusión sobre intervención externa en desestabilizarnos como a otros países de América Latina, debemos detenernos en el análisis frío de las causas y las consecuencias, pero sobre todo de la respuesta que desde la institucionalidad y la sociedad debemos dar frente a esta expresión legítima, de quienes están decepcionados del funcionamiento de nuestro esquema democrático. Allí se reflejó la decepción en los partidos y su representación de los vastos sectores nacionales, de la desconfianza en la justicia y sus decisiones y celeridad, de quienes acceden al poder solo para su beneficio y se olvidan de las necesidades de los entes territoriales y sus habitantes.

No todo en el país avanza bien, la queja permanente de la disputa entre derecha e izquierda no puede seguir dividiéndonos, al papel de los medios digitales, la democracia como sistema es el único que aún permanece, lo que no quiere decir que requiere actualizaciones. Pero también la democracia participativa en buena hora integrada con las redes sociales ha generado mayor actividad de los ciudadanos, pero en estas jornadas del fin de semana entendimos que puede ser un gran peligro con la desinformación y la generación de pánico con fines trágicos para las personas y la comunidad.

Bienvenidas las conversaciones y discusiones que el gobierno y los actores proponen, pero se necesita también decisiones que afecten y mejoren el funcionamiento de las tres ramas del poder, y que las reformas a mediano y largo plazo demuestren el bienestar de los pobladores de un país que ve cómo el crecimiento económico es de 3,3 por ciento, pero la clase media y los más pobres no ven el reflejo de ello ni en fuentes de empleo, o el impacto en un sector agrario olvidado a su propia suerte y que requiere acciones urgentes del Estado, no subsidios, sino convertir el campo en empresa.

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