Domingo, 18 Ago,2019
Opinión / JUL 15 2019

Agoniza el museo

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

A pesar de las promesas  del futuro, nada más  sano para una sociedad que poder asomarse a sus propias realidades, conviene  para eso, contar con un espejo que las refleje: El Museo Gráfico y Audiovisual  cumple en buena parte esa misión en Calarcá y el Quindío. Pero agoniza hoy este museo.

Francamente da vergüenza que tengamos en este territorio una ciudadanía como la nuestra. Sabemos mucho de la apatía ‘ilustrada’ de empresarios y políticos dedicados, además del dinero, a acrecentar su ego. Pero no contar con una reacción importante de la ciudadanía, da grima. 

Sabemos de muchos empresarios de medio pelo, la mayoría incapaces de comprometerse cuando se trata de obras en que no aparezcan como benefactores, dadores que reparten cada año mercado y  pelotas de plástico en las largas filas que ponen a hacer a  los más pobres, fingiendo no esperar el aplauso y la zalema que los gradúen de filántropos, que ignoran la importancia de un museo para el municipio o  la región, reflejo, además, de la decadencia de una sociedad tan pobre en términos de organización social.

Hace tiempo que los calarqueños no nos ponemos de acuerdo ni para cosas como estas. Ignoramos nuestras responsabilidades como colectivo. Nos quedamos  reclamándoles soluciones a los políticos, siempre a los políticos, que previamente hemos elegido muy mal. La cultura es el eje transversal de cualquier proceso de verdadero cambio y a Calarcá en particular solo puede salvarlo la cultura, ese debería ser el eje central de su transformación en el que todos coincidiéramos, esto nos caracterizó en una época  y  debe  ser ahora el punto de partida de su reivindicación.

Como va ser que los calarqueños y los quindianos no vamos a ser capaces de ponernos en pie a defender y sacar adelante  el museo gráfico y audiovisual que necesita ‘cuatro pesos’ para seguir respirando —servicios públicos y reparaciones locativas, son ítems importantes de sus afugias—. Debemos mejorar como sociedad todavía rindiendo pleitesía mendicante a tanto Londoño y tanto Botero y tantos otros que tan poco hacen por nuestra cultura.

Poco podemos esperar de las administraciones local y regional, más interesadas en el espectáculo  o en perpetuar círculos privilegiados y otros anillos, mucho menos del concejo plagado de enemigos personales de la cultura, muestra elocuente la acabamos de ver en el Club Quindío de Calarcá. 

Debemos entender, de una vez por todas, que no podemos esperar que los políticos  den solución a los problemas de una sociedad sin dirigencia. No, al contrario, cuando nuestra sociedad civil empiece a dar respuestas fuertes y acertadas a los problemas fundamentales que nos aquejan, podremos llegar a tener  buenos políticos que nos interpreten. 

El museo debe ser uno de los espejos que nos muestre lo  que somos y hemos sido, pero parece que con nuestra indiferencia lo queremos enterrar para ignorarlo. 

 

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