Opinión / JUL 07 2020

Al final del túnel II

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Del  túnel de La Línea se viene hablando desde 1920. Inicialmente como un túnel férreo que uniría el tren del pacífico con  el tren de la región central. Que hoy tendría al país  como una de las grandes potencias en Latinoamérica. 

Solo imaginemos a qué costos podríamos haber transportado las materias primas y productos desde el puerto y las regiones aledañas a las principales ciudades. Lo que habría generado importantes centros industriales en Valle del Cauca, Eje Cafetero y Tolima. Una idea fantástica que nos hubiera colocado al lado de los países más avanzados de  Europa, donde su desarrollo ha sido el tren. Tren que alcanzó a llegar a Boquía, Salento, mientras en la cordillera Central dejó varios túneles hechos por los batallones de hombres.  

Pero los malos gobiernos dejaron el proyecto como flor de un día, solo hasta los años 60 se volvió  hablar del tema,  pero en los 70  todo  se acabó, después de los conceptos de un grupo de expertos japoneses que pensaban que era mejor hacerlo a 2.600 metros sobre el nivel del mar, un grave error en términos de competitividad al hacer un túnel en el pico de la montaña, así fuera más barato.  

En el gobierno de Andrés Pastrana se creó el Conpes 3084 de 2000, pero quedó sin proponentes en dos ocasiones, no por falta de dinero, sino por pólizas de garantía y cumplimiento. 

Finalmente, en 2009  se inició  la construcción del túnel como lo habían indicado los japoneses, con la gran pérdida de competitividad del país, aunque más barato. Un túnel  lleno de altos sobrecostos, corrupción, pérdida de tiempo y competitividad. Yo  me pregunto,  ¿qué está pasando  en los centros de educación y en los hogares? ¿Será que allí se están formando a las personas para que sean corruptas, para actuar mal, para delinquir? ¿Por qué hay tantos senadores, representantes, gobernadores, alcaldes,  dueños de bancos y funcionario que desfalcan al país, que se roban el dinero de los impuestos de los colombianos? 

Todos ellos han pasado por un colegio y una universidad, pero a pesar de tener educación, esta no controla  su actuar corrupto o delincuencial, no tienen  valores en su interior que les indiquen cómo actuar con ética y distinguir entre lo bueno y  lo malo. Lo que da un mal ejemplo para quienes los siguen o están abajo y  actúan de la misma manera,  convirtiéndose en un proceso de aprendizaje social, como lo indica Albert Bandura: “Un ser es capaz de extraer enseñanzas a partir de la observación de lo que hacen otros  y aplicarlas en su comportamiento”. 

Los procesos de educación deben reforzar  la enseñanza de valores. Estoy seguro de que de cada 100 personas, 99 actúan correctamente. Un ejemplo es el  túnel  del Oriente en Antioquia, de  22.3 kilómetros, que incluye el túnel de 8.2 kilómetros, que costó $1.83 billones, hecho en poco tiempo y con un buen manejo del dinero.

 


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