Lunes, 20 Ene,2020
Opinión / OCT 31 2019

Al oído de los elegidos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Los resultados de la campaña electoral, que por fortuna llegó a su fin, mostraron un pequeño avance hacia una democracia más madura. Las candidaturas independientes, las coaliciones y las alianzas quitaron terreno a los partidos tradicionales. 

Los viejos clanes sufrieron reveses, pero aun así se hicieron al poder en varias regiones. Lo cierto es que el mapa político cambió, ampliando el espectro con miras al 2022.

Pero el propósito de esta columna no es el análisis de resultados, esa tarea hay que dejarla en manos de los expertos mientras cae lentamente el telón de la política al menos por dos años. Lo que debe concentrar nuestra atención son los retos y desafíos que enfrentarán Roberto Jairo Jaramillo y José Manuel Ríos, gobernador y alcalde electos. 

Como candidato cada uno planteó ideas sobre las políticas que llevarían a cabo si eran elegidos. Por tanto la legitimidad de sus administraciones dependerá en buena parte del cumplimiento de lo prometido en campaña. 

Dejando a un lado la ingenuidad —pues a un cargo de elección popular no se llega sin compromisos— lo recomendable es que pese a las presiones logren estructurar equipos técnicos que provean las competencias, y el conocimiento necesario, para planear y desarrollar aquellas iniciativas que sean decisivas para la ciudad y el departamento.

A partir de enero de 2020 cada mandatario tendrá que ocuparse de temas como infraestructura, inversión social, salud, desarrollo económico, medio ambiente, generación de empleo y competitividad. Pero también tendrá que orientar su esfuerzo hacia un campo fundamental para el futuro del país, me refiero a la educación para la paz y la convivencia. El Quindío y su capital, requieren desarrollar una educación que sea alternativa y transformadora de las violencias que enfrentamos. Una educación que incluya las dinámicas ligadas a las prácticas identitarias de los jóvenes, como el barrismo.

La educación para la paz no es un tema accesorio, por ello es necesario estructurar —a nivel local y regional— equipos que tengan las competencias necesarias para desarrollar estrategias pedagógicas activas, participativas, incluyentes y significativas que promuevan actitudes, creencias y prácticas consistentes con una cultura de paz.

Educar para la paz está asociado a la formación en ciudadanía, en enseñar a convivir, en valorar la diferencia, en relacionarse de manera cuidadosa y responsable con el medio ambiente y en respetar los derechos humanos; pero también en aprender que los conflictos son parte de la vida, y que la clave está en tramitarlos de manera democrática, dialógica, sin recurrir a la violencia.

Confío en que los mandatarios electos honrarán sus promesas y actuarán de forma responsable. Ellos saben que la educación no solo es la puerta que conduce hacia el futuro, sino también el camino que nos llevará a la paz. 

*Exasesor Oficina del Alto Comisionado para la Paz


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