Domingo, 15 Dic,2019
Opinión / NOV 12 2019

Ambulancias de la muerte

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El silencio de la calle se ve interrumpido por el sonido de una ambulancia, años atrás pensaríamos que están cumpliendo la función de salvar una persona. 

 

Hoy son un peligro inminente para los peatones, personas adultas, niños, familias, motociclistas y conductores que van adelante o atrás de ellos, en una carrera por la muerte que llevan cuando pasan enfrente. 

Ambulancias a alta velocidad por alguna de las calles de nuestra ciudad, es el común diario que genera todo tipo de accidentes, como el que le ocurrió y mató a Andrés Felipe Grisales, cuando una ambulancia a toda velocidad se pasó el semáforo de la iglesia San Francisco de Armenia. 

Las peligrosas carreras de las ambulancias para cobrar a las aseguradoras los servicios de Soat, se han convertido en un lugar de riesgo donde las personas dentro de ella manejan sin control, como si fuera una carrera de Fórmula 1 arrasando con todo lo que haya en su camino. 

Hace algunos meses el senador Jorge Iván Ospina denunció la existencia  de las “carreras de la muerte” y el negocio mercantilista entre ambulancias que buscan llegar primero a atender accidentes, para luego cobrar los servicios del Soat, y llevarlo a la clínica que de forma corrupta le paga a estos conductores por traer el herido. 

La Superintendencia de Salud indica que esto hace parte de una serie de millonarios fraudes al Soat, por los cuales se ha sancionado a 15 IPS en noviembre de 2017 con multas por más de $4.412 millones, además, del traslado a la Fiscalía General de la Nación. 

Un accidente  de tránsito se ha convertido en un negocio entre IPS, conductores de las ambulancias y los paramédicos. 

El nivel de la corrupción es tan alto, que una vez el paciente es atendido en una IPS a donde la ambulancia lo remitió, hasta que no consuma el último peso del Soat no lo dejan ir. 

Hay ciudades como Cali donde la secretaría de Salud  municipal viene regulando la prestación del servicio de ambulancias teniendo un 95% del control de estos vehículos cuando salen a las calles, por medio del Sistema Integrado de Comunicación, Sico,  de la línea de emergencias 123. Lo que ha permitido que se atiendan 14.000 servicios de los cuales 4.000 han sido para atención pública y no solo paciente de tránsito como personas con desmayadas o convulsiones. 

Casos como el de Luis Antonio Cofles en el barrio Libertadores, quien tuvo un ataque al corazón y murió porque los paramédicos que estaban en una ambulancia en la misma cuadra no lo atendieron por que no era un accidente de tránsito, no pueden seguir repitiéndose. 

La guerra de las ambulancias se ha convertido en un peligro para toda la comunidad y debe ser controlada por el gobierno departamental, municipal y demás entidades.

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