Opinión / MAY 02 2020

Aplanando curvas

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La curva de participación ciudadana crecía mucho antes de que estallara la pandemia. En territorios como Piedras y Cajamarca, Tolima, sus habitantes hicieron uso de mecanismos democráticos para negar totalmente el uso de sus tierras como medio para que transnacionales se enriquecieran. De manera similar, iba ascendiendo la participación de la gente en otras regiones del país, rechazando la extracción minera y, por ende, el modelo económico extractivista.  

La línea de participación crecía día a día con fuerza, sobre todo porque estaba siendo alimentada y protagonizada por jóvenes ambientalistas que contagiaban de esperanza a otras personas, con objetivos puntuales de proteger sus territorios. En el Quindío, además, en el municipio de Pijao, se dio una muestra de unidad para rechazar la incursión salvaje del capitalismo a través de sus tentáculos denominados multinacionales. Nos querían voltear la piel en busca de oro. 

Toda la lucha ambiental en distintos territorios de Colombia ha tenido una característica esencial: el florecimiento de semilleros y escuelas de formación para nuevos liderazgos sin la necesidad de partidos políticos tradicionales. El presidente de la Junta de Acción Comunal, con la participación de la juventud o, aquel habitante del bosque que vio la necesidad de ir de finca en finca, dejando el mensaje de organización comunitaria para enfrentar a los que se quieren apoderar de la montaña, se convirtieron en líderes natos. 

Una pluralidad de curvas de liderazgo, liderada por jóvenes, iba en ascenso. Situación peligrosa para la extrema derecha colombiana, que los ha clasificado como los ‘nuevos comunistas’. De hecho, el asesinato de  líderes sociales es fiel copia del método de exterminio concretado en la sangrienta dictadura Argentina —con junta militar liderada por Emilio Massera—, con fines de reducir cualquier proyecto de tinte marxista. “En 1955 creíamos que el problema era Juan Perón, así que lo eliminamos; pero en 1976 ya sabíamos que el problema era la clase trabajadora”.  

‘Eliminar la semilla’, dicen. La orden consiste en interrumpir su germinación. Aplastarla con cascara y todo. Porque se han dado cuenta de que el problema no es su líder principal, para nuestro caso, por ejemplo, el excandidato presidencial, senador Gustavo Petro, sino que se debe de aplanar la curva, es decir, reducir a punta de plomo la semilla que viene en crecimiento.   

La situación es más insegura y peligrosa para los líderes sociales en este confinamiento. Porque no se pueden mover del lugar de residencia. Pero consideran que hay otra curva por aplanar, y es la participación ciudadana. Vaciar los mecanismos de participación. Dirán que las consultas populares se deben de prohibir porque propagará el virus en las regiones. Lo peor está por venir. 

 


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