Opinión / DIC 09 2019

Aprobando mentiras

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El gobierno, tiene derecho a intentar neutralizar las movilizaciones sociales, sobre todo si estas prometen perdurar en el tiempo y/o apuntan a ser gigantescas, como lo fueron las del 21N y 4D. Pero, ¿cómo hacerlo sin lastimar las instituciones ya de por sí debilitadas? Situación que se ha reflejado en las últimas encuestas de descreimiento de los ciudadanos, donde la popularidad del presidente Duque ha venido descendiendo ¿Es legítimo mentir a la sociedad? ¿Decirle que los paros y las movilizaciones están montadas con mentiras para luego desafiarlas aprobando las reformas contra las cuales la gente está afuera clamando a gritos? 

¿Creen los gobernantes y sus aliados empresariales que con retoques populistas, como devolver el IVA a algunos estratos o no cobrarlo tres días al año, podrán calmar los ánimos de una ciudadanía diversa y joven, mientras persisten en otorgar multiplicidad de exenciones a las grandes empresas concediéndoles 9 billones de pesos en beneficios anuales? 

Esta semana, el presidente Duque junto a su jefe el senador Álvaro Uribe y su partido, en alianza con los partidos de retoques, decidieron mentirle al país, aprobando en primer debate el proyecto de ley 212 del 2019 sobre flexibilidad laboral, una de las razones que motivaron las protestas de los últimos 15 días. Sin duda una nueva provocación que de seguro renovará los ánimos de las protestas el próximo año. 

Antes de las movilizaciones, los centros de pensamiento afines al establecimiento, los grandes empresarios y administradores de pensiones privados, y su vocero gremial, el señor Santiago Montenegro, y varios ministros, habían venido ambientando con mucha fuerza e interés una reforma pensional en cuyo núcleo está la destrucción del régimen de prima media. Es seguro que el proyecto estaba listo y lo han guardado esperando que se calmen las protestas.

Las concesiones tributarias a las grandes empresas, el proyecto de ley sobre flexibilidad laboral y la reforma pensional son solo tres de los temas centrales que los movilizados han llamado “el paquetazo” de Duque. Quedan por mencionar los temas ambientales, el uso del fracking, la aspersión con glifosato, la crisis del sistema de salud, los compromisos incumplidos con los estudiantes, indígenas, afrocolombianos, y un tema central, la puesta en marcha integralmente de los acuerdos de la Habana. Lo que el gobierno y sus aliados señalaron como mentiras para convocar el paro resulto cierto, y quedó claro entonces quién mentía.

Queda todavía una pregunta ¿Qué hace que el bloque de poder dominante a instancias del gobierno deje ver tanta terquedad y no muestre intensiones genuinas de dialogar con los representantes y voceros que convocaron al paro y a las movilizaciones? ¿Por qué el gobierno boicotea las necesarias negociaciones, convocando a conversaciones inocuas y dispersando la atención para evadir temas que son centrales a pesar de la diversidad de los grupos movilizados? 

Estas preguntas invitan a que pensemos si el problema está en que el sistema político y el modelo económico están en contravía del espíritu de un Estado Social y Democrático de Derecho, y que las reivindicaciones reclamadas son el síntoma de esta tensión.


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