Opinión / ABR 01 2020

¡Ay qué dolor!

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Nadie puede sustraerse al sufrimiento por la epidemia que afecta al mundo, que obliga al 90 % de la humanidad a permanecer confinada, purgando encierro en sus casas, ante la responsabilidad del hombre como victimario del planeta, que hoy está castigando con severidad a las generaciones que lo han maltratado con sevicia. Ahora estamos limitados. Ni podemos salir a la calle, ni estar siquiera a un metro de nuestros semejantes. Hoy no podemos hacer lo que nos dé la gana.

El coronavirus se vino con todo su potencial viral sin discriminaciones y está demostrado que no solo ataca a los viejos, también a los jóvenes, a hombres y mujeres de mediana edad y a niños, no pocos hasta ahora víctimas de sus acometidas defensivas.

El coronavirus nos tiene atarugados de soledad. Menos mal que miles tenemos la fortuna de estar en familia, en el hogar, disfrutando de las dulces mieles del estado familiar que por tantos años hemos tenido abandonado. 

Dignos de reconocimiento nuestros gobernantes entregados a un trabajo de salvación merecedor de todos los aplausos. Aquí, tanto el gobernador Roberto Jairo Jaramillo Cárdenas como el alcalde de Armenia, José Manuel Ríos, y el resto de los gobernantes locales, se han entregado con responsabilidad para proteger la vida.

El restablecimiento del sistema hospitalario le permite a la población contar con un hospital departamental habilitado para enfrentar la demanda que el momento pueda exigir. Un director del hospital (e), Jorge Raúl Ossa Botero, y un grupo de médicos especialistas del que ha hecho parte entre otros el internista José Gregorio Sánchez Vallejo, nos permite asegurar que el San Juan de Dios está adecuado y que sin abundar en cuidados intensivos ni en tecnología, cuenta con recurso humano para atender la pandemia.

Gracias a ellos puede el Quindío hacerle frente al centralismo que una vez más ha demostrado que las ventajas están en las grandes ciudades y que el centralismo sigue siendo el mal del que en las regiones nos hemos intentando defender. El centralismo asfixia, los centralistas nos miran como a minusválidos, aunque la pandemia en Colombia, a decir verdad, está siendo enfrentada por un gobierno responsable, consciente de las necesidades del país, honesto y transparente en el manejo de los recursos con los que está procurando la defensa de la vida.

¡Ay qué dolor!, del que tendríamos que quejarnos si no fuera por el gobierno en turno para el manejo del confinamient0 y del terror del coronavirus. Tenemos confianza; el Quindío tiene con quién. Hace 20 años nuestros médicos salvaron a centenares de vidas que estuvieron cerca de la muerte. Se perdieron las que fueron inevitables, pero sin duda, la medicina y los médicos de la región, son ejemplares. Dios bendiga a todos.

 


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