Editorial / AGO 07 2020

Baja afectación, alta vigilancia

Bienvenidas algunas de las medidas tomadas por las administraciones municipales en Quindío, la vida primero. Se puede seguir con la reapertura económica gradual sin poner en riesgo la población.

Baja afectación, alta vigilancia

Mientras en varias regiones del país y el consolidado nacional muestra un aumento diario significativo de contagiados por coronavirus y fallecidos por la COVID-19, en Quindío, aunque también ha habido un incremento que exige la mayor atención, el balance general en cuanto al manejo de la pandemia es positivo. Cada una de las 9 víctimas que hasta ahora ha dejado el patógeno en esta parte del país produce un insondable dolor y a sus familiares hay que rodearlos con un colectivo abrazo solidario. Ojalá no se tuviera que registrar ningún fallecimiento más pero será casi que imposible, el virus incubado en oriente se propaga con rapidez y es letal. Con todo y eso y por las razones que sean, todas cuentan, el panorama local es bueno y de todos depende que siga así.

Aunque con más desconfianza que agradecimiento muchas personas lean las estadísticas del comportamiento del virus en Quindío, lo único cierto hasta hoy es que la COVID-19 no ha golpeado con toda su furia el departamento. Podría pasar, ojalá que no, pero la cifra bruta de infectados y la tasa, bajas en comparación con el resto del territorio, siguen siendo menores a la de recuperados y eso es muy bueno. Todavía no se habla de congestión en las unidades de cuidados intensivos dispuestas para atender pacientes críticos de COVID y eso también es un gran alivio. Por las razones que sean: decisiones gubernamentales oportunas, ubicación geográfica, suerte, oraciones, buen comportamiento de las personas, el número de contagiados sigue siendo, hasta hoy, controlable.

Atentos, esto no es una victoria, ni una razón para desatender las medidas de bioseguridad o eliminar los controles en fronteras y demás acciones implementadas por los alcaldes. El precio de abusar de esa hasta hoy generosidad de la enfermedad con todos los municipios quindianos podría tasarse en un elevado número de enfermos y muertos. El departamento va bien pero la condición es menos favorable que hasta hace apenas unos días. Los registros diarios de enfermos eran de 2 o 4 y hoy no bajan de 15 o 20 y el pasado 29 de julio fueron 42. Ya solo un municipio, Pijao, es no COVID. Los demás, 3 con baja afectación y 8, incluido Armenia, con afectación moderada.

En lo que hay que insistir, sobre todo en Armenia, es en la disciplina social. En la capital quindiana se presentan todos los días aglomeraciones de personas, hubo incluso una caravana, las autoridades han sido alertadas de fiestas concurridas, muchos establecimientos de comercio bajaron la guardia con las medidas de seguridad y el pico y cédula para los clientes. Alerta, que no sea el subregistro de contagiados con la enfermedad un presentimiento que se vuelva fatal realidad y las 50 camas para pacientes COVID que hay en Quindío, todas en Armenia, se copen de un día para otro. Puede ocurrir.

Lejos de presionar a los alcaldes y el gobernador para que aflojen permisos y gestionen convenios para la llegada de visitantes, hay que estar unidos y protegidos. Hay que hacer un último esfuerzo, por lo menos mientras se supera el pico de la pandemia que entre otras cosas todavía no se determina con claridad, para no perder lo ahorrado.

Lo más cierto, dicho por expertos en la materia, es que el virus llegó para quedarse mucho tiempo y por eso lo que hoy salva vidas – distanciamiento, lavado de manos y mascarilla en boca y nariz – deberá seguir así aunque el pico haya pasado y las vacunas aparezcan. Las personas no se podrán quedar indefinidamente encerradas y el sector productivo tiene que ir retornando a la que muchos han llamado nueva normalidad, pero esa incluye también esa nueva responsabilidad social individual y colectiva del autocuidado, la misma que muchos se resisten a adoptar aunque esté en juego la vida y por eso endurecer las medidas los fines de semana y en las noches, en Armenia, está bien, pero con varias excepciones.

 

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