Opinión / JUL 11 2020

Cafeteros

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Los resultados de gestión y coordinación en época de pandemia tiene la siguiente consideración: no se puede sacar la cara por ninguno de los mandatarios locales de Quindío.

Las acciones concretas de los gobernadores de turno para superar en breve tiempo la crisis económica, no se ha visto. Los planes de desarrollo no le apuntan a reactivar la economía. Más bien están con la idea de querer hacer parte de los pactos secretos —del trío— gobernador de Caldas, Risaralda y Quindío para distribuirse entre ellos los beneficios y fortalecer su poder político en vísperas de las próximas elecciones de Senado y Cámara. De hecho, desde la gobernación de Quindío tienen la misión, no de recuperar la economía maltrecha por la pandemia, sino cómo conseguirle los votos necesarios y reelegir como senador liberal al caldense Mario Alberto Castaño Pérez.  

Después, en otras columnas, se demostrará cuáles son los enredos que tiene el arriba aludido senador  Mario Castaño en el departamento de Caldas. Luego, en medio de muertos e infectados por la COVID-19, los que han tenido que resistir todas las crisis económicas, incluyendo la actual, han sido los cafeteros.  

Los cafeteros pueden ir olvidando la idea de que tienen gobernadores que les importa la situación de la caficultura. En esta emergencia sanitaria, los cafeteros, al menos, pudieron mantener puestos de trabajo y no dejar que muchas personas aguantaran hambre. Y tampoco nadie se los va a reconocer. Siempre los cafeteros han caminado en solitario. Gracias a ustedes, señores cafeteros, como lo ha sido a través de la historia, cientos de familias pueden llevar un plato de comida a la mesa. 

Hoy más que nunca se necesita priorizar y fortalecer la caficultura: y es con el concurso del Estado. Keynes, el economista, siempre vio la importancia de la intervención del Estado para regular la economía y evitar oleadas de desempleo. Entonces direccionar la política pública colaborativa que con fines de que los cafeteros puedan crear más fuentes de empleo: debe entonces el Estado afirmar tal disposición para que nuestra región cafetera no siga reduciendo las hectáreas de café. 

El enfoque de justicia social, evidenciado en el pensamiento keynesiano, tendrá mayor crédito en la economía colombiana. Quizás a los gurús del libre mercado, no les guste mucho la idea. Pero en Quindío, como también lo ha sido en Risaralda y Caldas, los pequeños cafeteros, siempre han edificado las bases necesarias para superar coyunturas de desaceleración económica. E incluso, digamos, hasta han utilizado la imagen de la cultura cafetera para beneficiar a extraños.   

Sin lugar a dudas, el café es motor fundamental para recuperarnos del desastre económico causado por la pandemia. Del café depende nuestra región para subsistir en las próximas décadas.  


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