Martes, 15 Oct,2019
Opinión / DIC 13 2018

Caficultura bloqueada

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Entre miércoles y viernes de la semana pasada, el sector caficultor federado realizó su congreso nacional anual en Bogotá. Aunque sus ejes temáticos fueron los valores de rentabilidad,  legitimidad y resiliencia, la satisfacción de estos resulta poco viable preservando la tecnificación estándar de la caficultura que los ha puesto bajo amenaza. Sin poner en tela de juicio esta tecnificación, el congreso estuvo dirigido hacia la búsqueda de ‘más de lo mismo’.

A pesar del hecho que la caficultura tecnificada en función de agroquímicos de síntesis progresivamente ha originado grandes decepciones socioeconómicas en las regiones donde ha sido puesta en práctica, no existe aún —en el seno de la estructura organizacional de los caficultores— alternativas agrotecnológicas al uso de estos productos químicos ni a nivel de usuarios, ni a nivel político o institucional. Los caficultores que han adoptado la tecnificación agroquímica no saben cómo podrían abandonar la utilización de estos insumos de síntesis química sin desencadenar una catástrofe socioeconómica aún peor que la que les golpea desde 1989. Esta actitud resignada es comprensible: en efecto, las sucesivas propuestas para afrontar la crisis de la caficultura, provenientes de políticos, del gobierno y de las instituciones vinculadas a la industria del café, han tenido como único objetivo el reforzamiento del sistema de producción en función de insumos químicos.   

Al parecer este impasse tecnológico obedece a lo que en filosofía de la técnica se denomina ‘bloqueo tecnológico’ —lock-in, en inglés—, que surge cuando una tecnología se ha convertido en un estándar tal para la sociedad que hace difícil cambiarlo, incluso cuando existen otras tecnologías que podrían resultar eficaces. “El bloqueo de un sistema de producción conduce a una selección entre las innovaciones: aquellas que son totalmente compatibles con la tecnología estándar tienen oportunidad de desarrollarse, mientras que las que la ponen en cuestión, o cuestionan las relaciones entre los actores tal como se han organizado en torno al estándar, tienen muy pocas o cero oportunidades de desarrollarse” (Meynard et al, 2013). De este contexto de selección de innovaciones hace parte, por ejemplo, la máquina derribadora que viene proponiendo Cenicafé. Casi que todo aquello que refuerce la artificialización de las prácticas agrícolas y que no cuestione el monocultivo y el uso intensivo de agrotóxicos complementa el cerrojo tecnológico.  

Cómo pretende caracterizarse como rentable, legítimo y resiliente un sistema de producción agrícola que, primero, depende cada vez más del uso intensivo de factores externos de producción, cuyos costos varían en función de los precios alcistas del dólar y del petróleo; segundo, contamina el medio ambiente, fuentes hídricas, productos alimenticios y poblaciones, y; por último, degrada las funcionalidades de los agroecosistemas. Mientras no se cuestione la tecnificación agroquímica, esta caficultura seguirá bloqueada. 


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