Opinión / AGO 10 2020

Calarcá - La Paila

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En esta carrera por tramos que representa el desarrollo vial del país, en los primeros días de septiembre culminará una dura etapa de montaña: la construcción del túnel de La Línea. Con todas las esperanzas y frustraciones que suscita esta mega obra y sus desarrollos posteriores, llegó la hora de pensar en la doble calzada Calarcá- La Paila, 66 kilómetros sin los cuales el acceso del centro de Colombia al mar de oportunidades del Pacífico seguirá sometido a serias dificultades. Trabajar para acabar ese cuello de botella deberá ser tarea nuestra, quindianos y vallunos, debemos constituir cuanto antes un frente común para que se adjudique rápidamente la construcción de esta obra si no queremos vivir otra historia interminable  de ilusiones y ficción como la del túnel.

Con una inversión de $1 billón, esta obra irrigará las economías y el desarrollo de Calarcá, Armenia, La Tebaida, el aeropuerto El Edén, la zona franca, la estación ferroviaria y la importante infraestructura turística del sur de la región. A pesar de las obvias repercusiones en la movilidad nacional, la obra debe contribuir a mejorar el desarrollo de los vasos comunicantes de toda la región quindiana. Con el túnel en funcionamiento, y sin la correspondiente doble calzada, por ejemplo, se trasladará el caos y la congestión vehicular a las calles de Calarcá, se debe, entonces, replantear el trazado de sus variantes para librar  al casco urbano del tráfico pesado  sin que por ello quede al margen del trazado que conecte con la vía doble a La Paila. 

Actores, actores comprometidos es lo que requiere el nuevo desafío, tenemos que dejar de ser espectadores impasibles del paso caótico de esta arteria-río, para convertirnos en protagonistas impulsores de las decisiones gubernamentales necesarias para que se construya sin dilación esa obra. El gobernador, los alcaldes, especialmente los de Calarcá y La Tebaida, los parlamentarios, el Comité Intergremial, la cámara de comercio, los medios de comunicación,  las instancias cívicas y sociales del Quindío en coordinación con  sus similares del Valle del Cauca, deben expresar al gobierno nacional, a Invías, a la Ani, la aspiración de la región y de Colombia para que esta obra que se debe ejecutar mediante una APP se adjudique en los próximos meses como la obra de gran magnitud del gobierno Duque en el  centro-occidente del país.

Ahora, aparte de las iniciativas folclóricas que suscita la inauguración del túnel de la Línea, cuando se ventila  tanta política  menuda, tanta falta de perspectiva y de grandeza en la vida pública, temas gruesos de verdadera perspectiva política como esta obra, debería estimular a nuestra dirigencia a reunir voluntades de la política regional para generar una agenda que propicie un dialogo productivo que comprometa al gobierno nacional con la doble calzada. Reconforta saber del apoyo entusiasta de la senadora Aydeé Lizarazo a esta iniciativa, consciente de los obvios beneficios que de ella puede derivar el Quindío.

 

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