Miércoles, 13 Nov,2019
Opinión / OCT 16 2019

¿Cambiamos?, o ¡seguimos igual!

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

A menos de 15 días del debate electoral que determinará el cambio de gobernadores y alcaldes en los departamentos y municipios colombianos, el olor a podredumbre se siente tanto o más que en años anteriores. Basta ver los excesos publicitarios, escuchar a quienes tienen información sabida sobre los patrocinadores de las campañas, no es sino observar al interior de las administraciones actuales para comprobar que tanto funcionarios como contratistas están siendo manipulados por los gobernantes.

Los empleados públicos no tienen otra alternativa en este juego de tahúres, que acatar las órdenes de sus superiores, de lo contrario, el derecho al trabajo se verá menguado a partir del primero de enero del próximo año. En un departamento como el nuestro, donde la costumbre es ley y el 10% es lo legal, como dice uno de los grandes veteranos de la corrupción regional, los electores son acechados por los peligrosos actores del sistema.

Sin embargo, como el pueblo quindiano tiene experiencia en esto no se va a dejar manejar como ocurrió hasta la época de las dos últimas brujas electoreras, que asociadas a sus magos consortes se creían multiplicadoras del sufragio ciudadano. El elector sabe cómo hace sus cosas y frente a las urnas, es mucho más libre de lo que los empresarios del voto creen.

A diferencia de cuatro años atrás, no hay faldas vulgares en la campaña, y los candidatos mal que bien están haciendo sus campañas sin arrebatos pasionales. El ambiente ha sido frío y como no ha habido agresiones mayores, el clima de la disputa por los votos está mucho más calmado. Ahí me parece que se deja ver un ligero aprendizaje, aunque se tengan todavía razones para el escalofrío que producen los decires del correveidilismo.

Los gobernantes que van a ser elegidos tienen responsabilidades muy grandes con el Quindío y no pueden darse el lujo de dejar pasar cuatro años sin aportarle a la sociedad como se desprende de los balances actuales. El gobierno departamental no tiene una sola obra con la cual se diga que va a pasar a la historia. No queda de la administración nada que pueda resultarle grato a la memoria de los quindianos.

El municipio de Armenia, por su parte, pasó desapercibido y no consiguió superar en nada los problemas de mala administración y de corrupción que ha tenido que ver la ciudad. Los males son los mismos, el desempleo es una tragedia, la percepción de inseguridad es total, el abandono, la indigencia y el microtráfico son iguales a lo que había hace cuatro años.

El mirador o malecón de la carrera 18 se estancó, el centro cultural metropolitano La Estación es una vergüenza, sus alrededores son el bronx de la ciudad, mientras tanto, los cuyabros sumidos en la desesperanza observamos el triste panorama sin más remedio que esperar al 27 de octubre para votar como una fórmula para defender la institucionalidad y la democracia y para seguir soñando con etapas de vida políticas, sociales, económicas, éticas y morales, superiores a esto que nos ha tocado vivir. 


@jorgelieceroroz


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