Opinión / MAY 20 2020

Certezas e incertidumbres

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Distendidos los ánimos, frente a la gozosa realidad de contar, concluido el confinamiento, con los allegados afectivos de siempre, sin pérdidas de vidas; con estragos materiales aún no precisados, pero latente como nunca el deseo de perseverar con ánimo constructivo, llega el momento de asumir la pandemia en su real dimensión y trascendencia.

El papel coercitivo de los Estados, certeros en su aplicación unos, dubitativos otros, catastróficos no pocos, pasa de momento a la trastienda, en cuanto a protección por reclusión intramural. Se agota este recurso de control, con resultados finales dispares. Por desgracia para gran parte de la población orbital, la declaración de la pandemia, por parte de la OMS, fue tardía, restando eficacia a aislamientos y cuarentenas. 

Suspender vuelos internacionales procedentes del foco infeccioso, o de toda China, tan pronto se comprobó trasmisión interpersonal, habría evitado la propagación exponencial del virus. La asignación de responsabilidades tendrá que darse temprano o tarde; no son explicables, menos aceptables, errores semejantes, con miles, quizás millones, de víctimas fatales, perversas secuelas de salud pública, desastres económicos alrededor del mundo, en pleno auge de avances en medicina, desarrollos informáticos y de tecnología clínica. ¿La salud humana en manos de políticos antisistema con pretensiones de refundadores del orden global? 

Es ahora, luego de cuarentenas preventivas cuyo efecto, apenas retardante de picos letales previstos, difícilmente eludibles, cumplió de cualquier manera su propósito, cuando encaramos una indeseable pero abrumadora certeza: por lo menos durante meses, la COVID-19 será un activo agresor de la especie humana. Las instrucciones, las recomendaciones de los organismos de salud, guiadas por la ciencia y la experiencia, no son deleznables; tampoco los hallazgos en vacunas y fármacos. 

En la nueva etapa de lucha contra la amenaza, somos los individuos, no el Estado, quienes asumimos la responsabilidad de la defensa. Reactivar los diversos frentes económicos, la educación presencial, la actividad física, observando protocolos, minimizando riesgos, será parte sustancial de la nueva realidad. 

Incertidumbre, fundados temores respecto a la salubridad pública y al devenir económico de la sociedad orbital, de nuestras débiles y dependientes naciones, están presentes en la conciencia colectiva. Ralentización industrial, comercial, del sector terciario, son inevitables; al tratamiento de sus secuelas: desempleo, informalidad laboral, agudización de abismos sociales, delincuencia, farmacodependencias, tendrán que dedicarse los gobiernos. Es ahora cuando se pondrán a prueba iniciativas estatales y privadas, en el empeño de transformar una tragedia en multiplicación de oportunidades. Colombia, patria de todos, cuenta con antecedentes de creatividad, laboriosidad, y tesón. ¡Qué reluzcan!


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