Opinión / MAY 31 2020

Clamor de la Iglesia: “Abrir los templos”

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Ya se vislumbra el levantamiento de restricciones para empresas, entidades, escenarios deportivos, colegios, universidades, etc., y se hará gradualmente con responsabilidad y compromiso social, acatando las normas y protocolos de bioseguridad, según indicaciones del Ministerio de Salud y Protección Social. 

Como obispo de la Diócesis de Armenia he asumido este compromiso con el presbiterio, las comunidades religiosas, los movimientos de espiritualidad y toda la comunidad católica. Sin embargo, hoy me hallo perplejo y sorprendido, al constatar cómo para el Instituto Nacional de Salud, los eventos religiosos se convierten en un riesgo “muy alto” de contagio del coronavirus, mientras los centros comerciales, restaurantes, empresas de producción, entre otros, figuran como riesgo “alto-medio”.

Señores gobernantes, la Iglesia no es un virus para la humanidad; la Iglesia está revestida del poder de Jesucristo Resucitado y nosotros, hemos acatado las medidas de higiene y seguridad, que ustedes han promovido. Así lo hemos hecho en nuestras curias diocesanas, en los despachos parroquiales y en los templos, preparando todo como debe ser para demostrar al mundo que nos interesa cuidar nuestra vida y la de nuestros hermanos. 

La fe no es un virus, la fe es una virtud teológica, que nos abre a la dimensión de lo divino, que nos hace sensibles al dolor del prójimo, que nos permite aspirar a los bienes eternos, que favorece nuestra vida comunitaria y afianza nuestra identidad cristiana y nuestra respuesta de amor a Jesús, la esperanza que no defrauda.

El clamor de nuestro pueblo católico debe ser escuchado: necesitamos abrir nuestros templos,  reconociendo que debemos evitar la presencia masiva de fieles y ajustándonos al protocolo de bioseguridad diseñado por cada diócesis para generar entornos protectores y evitar riesgos de contagio. Nuestro pueblo es un pueblo creyente y necesita de los lugares sagrados, porque allí se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino y se favorece la intimidad con Dios. Nuestros fieles necesitan como nosotros sacerdotes y obispos la vida sacramental que es un tesoro espiritual que jamás hallaremos en los bienes materiales; necesitamos de la eucaristía, fuente inagotable de bondad, alimento espiritual que nutre nuestra alma, esencia, centro y culmen de la vida cristiana.

Una sociedad sin espiritualidad se adormece en el tiempo y tiende a la dispersión, a la indiferencia y a la insensibilidad. Una sociedad sin Dios, cae en el relativismo y subjetivismo moral, la acedía espiritual, el sinsentido de la vida, la desesperanza y el desencanto social. No estamos pidiendo permiso para realizar reuniones masivas, encuentros de comunidades, procesiones, misiones, actos de piedad multitudinarios, sacramentos de primera comunión y confirmación a gran escala. Estamos solicitando la apertura de los templos, para continuar viviendo nuestra fe personal y comunitaria.

Nuestros protocolos están diseñados para que, incluso la celebración de los sacramentos de iniciación cristiana, puedan realizarse en medio de las exigencias de bioseguridad. No ahoguen nuestra fe, no nos lleven al confinamiento espiritual.

Aunque hemos cuidado y acompañado a nuestro pueblo a través de las redes sociales, de la tele asistencia, de los centros ‘shemá’ virtuales, nuestra fe no puede ser virtual.

Señor Presidente, gobernantes, permítannos vivir nuestra vida espiritual para poder ayudarles igualmente a ustedes, en esta tarea de orar por el fin de esta pandemia.

Oración para pedir por el fin de la Pandemia y la apertura de nuestros templos:


Dios Padre de amor y de bondad, tú que escuchas el clamor de tu Pueblo,

atiende nuestra plegaria por el fin de esta pandemia.

Con la fuerza de tu poder, destruye este virus que sigue haciendo estragos, 

sembrando miedo, dolor, sufrimiento y muerte.

Tú Señor, has enviado a tu Hijo Jesucristo, Camino, Verdad y Vida.

En Él, nuestra vida se fortalece, nuestra tristeza se transforma en alegría;

el dolor se convierte en esperanza; el temor es vencido por la fuerza de su amor.

Hoy Señor Jesús, te pedimos por nuestra Iglesia. Haz que este confinamiento

que hemos asumido con disciplina social y compromiso ciudadano,

podamos superarlo con alegría, fe y valentía cristiana.

Haz señor que nuestra vida se vaya normalizando, que se reactive la

economía y se beneficien los diversos sectores económico, social, religioso.

Señor, toca el corazón de nuestros gobernantes para que, reconociendo el valor de

nuestra fe y la necesidad de abrir nuestros templos, favorezcan la unidad de la

Iglesia y podamos seguir trabajando por la solidaridad social y el compromiso

con los más pobres y necesitados. Queremos, Señor, callejear la fe, anunciar

tu palabra y sembrar el evangelio en el corazón de nuestros hermanos. Te lo

pedimos por intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de la esperanza

y estrella de la nueva evangelización. Amén


1 Oración escrita por Monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez, Obispo de Armenia. Mayo 21 de 2020


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