Viernes, 18 Oct,2019
Opinión / SEP 18 2019

¿Cómo aprenden las conductas?

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La reflexión de hoy nos lleva a pensar en las conductas infantiles y la forma en que como padres contribuimos a su aumento o disminución en la crianza. Constantemente llegan padres a consulta con quejas sobre los comportamientos de sus hijos: “Mi hijo no me hace caso, no cumple las reglas, es muy demorado, se ha vuelto agresivo, cómo puedo castigarlo”. Para entender este mecanismo es importante reconocer cómo aprendemos a pensar, sentir y comportarnos.

La mayor parte de nuestras conductas son aprendidas. A diferencia de los animales que tienen una naturaleza más instintiva, nosotros construimos un proceso de pensamientos y sentimientos que se fortalece por diferentes aspectos presentes en nuestro medio como son el ambiente, la familia, lo social y educativo. Por esto, las conductas, pensamientos y sentimientos pueden ser modificados, aprendidos y desaprendidos en cualquier momento de la vida.

Nuestros hijos y nosotros mismos aprendemos de las siguientes formas: 1. Construcción activa: a través de la experiencia y la interacción adquirimos creencias, principios e ideas sobre nosotros mismos. 2. Por asociación: a lo largo de la vida aprendemos a partir de algunos estímulos positivos y negativos que asociamos con respuestas fisiológicas o pensamientos, como cuando imaginamos un limón y tenemos una reacción fisiológica de salivación. 3. Por imitación: como las niñas que ven a la mamá maquillarse y hacen lo mismo. 4. Por consecuencias: cuando recibimos una mala nota en un examen por no haber estudiado y aprendemos a esforzarnos más.

Entendiendo lo anterior podemos plantear que las conductas pueden ser castigadas o reforzadas por los padres consiguiendo aumento o extinción de las mismas, pero que debemos reflexionar en la forma de hacerlo para no llegar a incrementar conductas desadaptativas o negativas que pueden afectar a nuestros hijos y sus propias vidas.

En nuestra cultura hemos aprendido a castigar y reconocer primero lo negativo, siempre estamos pendientes del error o la falla y somos en ocasiones muy exigentes como padres en el proceso de crianza, la exigencia extrema nos lleva a preocuparnos más y generar mucho malestar cuando nuestros hijos no cumplen o cuando nuestra expectativa se cae.

Debemos aprender a reforzar lo positivo, a entender que cuando yo gano una conducta lo hago porque reconozco el valor de esta en mi vida y acepto que es mejor tener conductas positivas y acoger comportamientos que equilibren mi proceso. Digamos a nuestros hijos lo buenos que son, lo fuertes y ganadores que pueden llegar a ser, reconozcamos sus esfuerzos, sus avances y sus posibilidades, demos abrazos y felicitaciones, démosle la oportunidad de ser felices y entender que tienen todo para serlo.

 


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