Martes, 20 Ago,2019
Opinión / JUL 16 2019

Construir sobre lo construido

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La democracia es el derecho de una sociedad de ejercer el poder y la responsabilidad cívica directamente o por medio de representantes libremente elegidos. La democracia tiene su origen en el siglo IV y V antes de Cristo, la base fundamental es un gobierno del pueblo y no una oligarquía que solo represente los intereses de las clases privilegiadas. 

Pero tener democracia no es fácil, muchos lugares en el mundo aún no la tienen y si la tienen está corroída por la corrupción que es igual que la dictadura; para otros ha sido una lucha para obtenerla, como en el caso de la mujer para ejercer derecho de participar y votar en las decisiones de los países. 

En el tiempo griego se consideraba que el gobierno era un tema de hombres, relegando a la mujer su derecho a participar en la democracia. Solo a principios de siglo XX, hace 125 años, Nueva Zelandia les permitió votar y poder llegar a puestos de gobierno ocupados por hombres, proceso que fue seguido por Australia en 1902, finlandia en 1906, Noruega 1913, Alemania 1918 y Estados Unidos en 1920 y en sudamérica: Uruguay en 1927 y Colombia en 1957. Pero ese derecho debe convertirse en un elemento que permita mejorar la calidad de vida de las personas, el desarrollo de sus capacidades y convertir una región o un país en una potencia que genere ingresos para todos. Según el índice de democracia 2018, los países con mejor democracia son Noruega, Islandia, Suecia, Nueva Zelanda, Dinamarca, Canadá e Irlanda, donde se mide la participación política, la cultura política y derechos civiles de la personas. 

La población negra en Estados Unidos tuvo que esperar hasta 1870 para poder ejercer el derecho a votar con todo el dolor de la esclavitud y la discriminación que vivían. Nosotros tenemos esa libertad, debemos cambiar esa creencia errónea de que votar es perder el voto o que lo hagan otros por mí, algo que fortalece la corrupción y le permite tomarse la democracia para su beneficio; el corrupto debe ser condenado por la sociedad con todo el rigor, para que esto no ocurra se requiere la participación de todos sin importar, edad, raza, sexo, religión, etc. No importa por quién vote, hágalo por quien represente sus intereses y necesidades. Hoy en Colombia, tenemos ejemplos de muy buenas administraciones elegidas democráticamente que han mejorado la calidad de vida de su población en ciudades como Bucaramanga, Cali, Barranquilla, Pereira, Medellín, Manizales, Armenia, entre otras, donde han llegado gobernadores, alcaldes, asambleas, concejales que hacen bien su trabajo, debemos aprender a construir sobre lo que dejaron administraciones anteriores y no volver a empezar de cero.

 


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