Jueves, 05 Dic,2019
Opinión / ABR 21 2019

Conversaciones en tiempo de Whatsapp

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Me uno al grupo inmenso de personas que cuando les preguntan acerca de las cosas que más disfrutan, contestan sin dudarlo un segundo: conversar. Una buena conversación es un gozo inagotable. La alegría de conversar se parece a muchos otros placeres sagrados de la vida, y si es mutuo, aun más.

Pero, además, la conversación cara a cara es la posibilidad por excelencia para expresar emociones. A través de la palabra hablada manifestamos bellos sentimientos como el amor y la ternura. También logramos aplacar la rabia y mitigar el miedo. Es un requisito entre otros para construir confianza, para conocer a alguien, para intercambiar ideas, para enseñar y también para aprender. Conversando aclaramos, ponemos en limpio, volvemos sobre nuestros actos. Es un proceso activo de enriquecimiento. La comunicación hablada tiene una fuerza poderosa, a través de ella se toman grandes decisiones, se transforman actitudes y comportamientos, se encuentran respuestas y se solucionan graves problemas.

Pero conversar con los demás, algo que se supone más natural ya no lo es tanto. Las personas lo esquivan, le huyen a los encuentros frente a frente. En una de las múltiples encuestas que hacen hoy institutos especializados sobre el uso de las redes sociales y el impacto de estas en la manera como las personas se relacionan o como perciben el mundo, el 85% de una muestra representativa de personas de distintas edades, afirmo que preferían enviar un mensaje en lugar de hablar. 

La verdad es que muchos sienten que es más cómodo y menos exigente, aun para situaciones que ameritan estar cara a cara como terminar una relación o hablar algo importante con un hijo adolescente. Usar las palabras para expresar eventos cotidianos o cosas de mayor profundidad resulta algo más que engorroso, ya no hay tiempo, ni disponibilidad para hacerlo. El chat es más rápido, más concreto y menos complicado. La cuestión es que cuando se trata de que los contactos sociales que hacen parte de las relaciones significativas de las personas, son cada vez más superficiales, las palabras se sustituyen por las imágenes y las interacciones se reducen a expresiones cortas y supuestamente más prácticas y contundentes, el famoso dicho de “lo breve dos veces breve, mejor” no parece aplicar. 

Las conversaciones implican el riesgo del debate, el desacuerdo, la puesta en común, la persuasión y todo el poder reflexivo de la palabra. Razón por la que se requiere hacer uso de muchas habilidades sociales y destrezas de comunicación como la empatía, la tolerancia, la capacidad para escuchar o para ser sensible a las emociones del otro. Un encuentro casual o citarse para tomar un café, reunirse en el parque o en casa para charlar con los amigos, los hijos o los padres, son rituales conversacionales que implican cercanía, mirar a los ojos, atención al 100%, lo que genera una conexión emocional especial que hace que se vuelven especialmente significativos. 

Las conversaciones en las redes parecen no atender plenamente a estas condiciones. El encanto de la conversación, planeada o espontánea, de hablar por hablar o con un propósito, aun no lo reemplaza un emoji o un lacónico Ok.


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