Opinión / NOV 24 2019

Crisis y economía

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¿Cuánto estaríamos dispuestos a pagar para reducir el efecto invernadero que afecta nuestro planeta? Restablecer estándares normales del clima y combatir el “sufrimiento humano sin par” que tendrá ocasión por la emergencia climática, obliga a reforzar esfuerzos si se quiere reversar el daño causado hasta la fecha y prevenir el que se avecina. De ahí que habrá que revisar los presupuestos de una economía basada en el carbono. El problema es la dependencia de los combustibles fósiles y lo difícil y costoso que significa producir energía a partir de fuentes renovables como la eólica y solar. Tanto que se considera que para el 2040 el aporte de energía limpia será solo del 4.1 % del consumo energético global. Quiere decir que los combustibles fósiles ocuparán lugar preponderante en la oferta global de energía por muchas décadas todavía. 

A esto se suma que las nuevas generaciones tendrían que estar dispuestas al sacrificio y a privaciones si quieren obtener un bienestar futuro. Y esto porque en una época de inmediatez, en la que todo lo que se pretende y desea se enmarca en acciones rápidas y resultados tangibles, no se creería que los individuos estén motivados a posponer sus anhelos, deseos y necesidades a la espera de una gratificación que quizá nunca ha de  llegar. ¿Qué hacer entonces en lo relacionado con la economía, la salud, la educación, la vivienda y la alimentación de quienes demandan más y más de una sociedad que estará obligada a  esfuerzos ingentes si quiere responder a los nuevos y viejos requerimientos que ya no dan abasto? 

Quien haya conocido el confort y el progreso en sus tantas formas, no dará  brazo a torcer si dentro de sus expectativas de vida está su derecho a consumir, a tener y disfrutar en un mundo globalizado, que ofrece por doquier todo tipo de mercancías y estimula con  publicidad imágenes de consumismo exageradas. Las protestas de estos días ocurridas en Chile, Ecuador y en Francia, con los chalecos amarillos,  obedecen al rechazo de nuevos impuestos a los combustibles o al mayor costo en el valor de un servicio público. Exigencias y rechazos que suponen mayor productividad e incremento de la riqueza,  significa que los gobiernos no van a frenar el crecimiento limitando el uso de energías contaminantes, o afectando sectores que aportan a la economía como la ganadería, la industria, el transporte, la agricultura y el uso de la tierra que utilizan el carbono como fuente de producción. Así que la sustitución del carbono con energías limpias y renovables será algo muy lento y la crisis, por lo que se ve, será mayor y peor de lo que se creía, y el punto de no retorno está más próximo de lo que se piensa.


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