Sabado, 07 Dic,2019
Opinión / JUL 16 2019

¿Cuál planeación?

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Planear no es otra cosa que proyectar y decidir hoy las acciones que permitan alcanzar un futuro deseado y posible con la utilización de los recursos disponibles; por lo que la planeación en la administración pública concentra los procesos de planificación, ejecución, control y evaluación de los programas establecidos en lo social, económico y ambiental contenidos en el plan de desarrollo de la unidad territorial.

Es por eso que la planificación debe ser continua, permanente y sostenible para garantizar la estabilidad y armonía de los sectores económicos, sociales, financieros y administrativos que permitan solucionar los problemas de ciudad y de la comunidad. Sin embargo, en Armenia, tanto los funcionarios de la alcaldía como los concejales han reducido la evaluación de la gestión del Departamento Administrativo de Planeación, al Plan de Ordenamiento Territorial, POT, sin tener en cuenta que en esa oficina se diseña, estructura y evalúa toda la planificación de la ciudad y su inversión con base en el plan de desarrollo, por lo que no debe limitarse a un falso ejercicio técnico, sino a una dinámica política, institucional, administrativa y de participación ciudadana, para construir consensos, lo que le otorga al mandatario gobernabilidad y resultados. Históricamente los directores de planeación en Armenia han tenido una visión distorsionada de sus funciones al punto que por decisiones equivocadas prevalece aún el conflicto entre constructores y la administración municipal; pues olvidaron quienes han estado al frente de Planeación que, la planificación con participación ciudadana empodera las comunidades, ayuda a evitar conflictos, se solucionan los problemas de ciudad y se consolida el municipio con estructuras eficientes, viables, medibles y gobernables mediante estrategias interrelacionadas con base en el adecuado uso del suelo, la producción de bienes y servicios, el transporte, servicios públicos eficientes, generación de empleo, seguridad ciudadana, infraestructura y medio ambiente entre otros. Pero podemos observar que en Armenia no es así, infortunadamente los planes de desarrollo, de ordenamiento territorial y de planeación se han convertido en fatigantes rutinas obligatorias, en pesadas cargas para los funcionarios y de paso para los concejales; a lo que hay que sumarle el casi total desconocimiento de estos temas por parte de sus actores; cuando realmente son herramientas básicas pero apropiadas para una óptima gestión administrativa. Es por eso que la planeación que se ha ejercido en Armenia deja al descubierto las debilidades tanto en la formulación de los planes de desarrollo como en su ejecución, debido a las deficiencias de la planificación y en general de la gestión como consecuencia de la limitada capacidad técnica, la negligente disponibilidad de información, la poca voluntad y falta de liderazgo político, la desactualización de conceptos y metodologías de planificación y gestión del desarrollo, y la inadecuada utilización de mecanismos de seguimiento, evaluación y control para corregir oportunamente los errores, verificar resultados y exigir cumplimiento de principios y responsabilidades en las demás dependencias. Es simple, ciudad y territorio sin planeación real. 


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