Miércoles, 18 Sep,2019
Opinión / AGO 24 2019

Del Mono Núñez, al negro Parra

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Benigno Núñez Moya, conocido como el Mono Núñez, nació en la hacienda La Betulia, del corregimiento Las Playas, actual municipio de Ginebra, Valle del Cauca,  el 6 de enero de 1897 y murió el 31 de diciembre de 1991 en esta misma población. 

Fue un músico autodidacta de folclore andino que demostró un talento prematuro para la música, la cual fue el motor de su existencia.

A los 6 años de edad inició en Palmira su vida musical con el acordeonista José Joaquín Soto, quien además de inducirlo al acordeón, le regaló una bandola hecha de guadua, instrumento que, junto con la guitarra, tocaría por el resto de su vida. 

A los 11 años se trasladó a  Buga para continuar sus estudios secundarios y a los quince, Benigno conoció al músico vallecaucano Pedro María Becerra y, con Tulio ‘Pescuezo’ Gáez, conformó un grupo al que posteriormente se incorporaron a Eliseo Cabal y Ramoncito Becerra. 

En 1914 hizo parte de la Estudiantina Guadalajara, dirigida por el maestro Manuel Salazar, quien le enseñó a Benigno nuevas técnicas en la bandola. 

En 1924 contrajo matrimonio en la ciudad de Guacarí con Ana Julia Lince, con quien tuvo seis hijos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el Mono Núñez conformó el trío Tres generaciones, integrado por los maestros Rafael Navarro en la guitarra y Gustavo Adolfo Rengifo en el tiple, quienes lo acompañaron hasta su muerte.

El Mono nunca estudió música formalmente y se caracterizó por su técnica interpretativa y un gran respeto por los diferentes ritmos, a lo que agregó su capacidad para aprender las partituras y nunca olvidarlas, así las ejecutara muchos años después. 

Por su parte, Luis Enrique Parra —el Negro Parra—, nació en Junín, vereda del municipio de Venadillo, en el departamento del Tolima en 1941, cuando Benigno Núñez tenía 44 años, es decir, hace 78 años y, sin pretensiones de intelectual, no le da pena decir que es mal lector, que no fue buen estudiante y que es un aficionado a la televisión. Eso tiene que ver con la vida sencilla del campo donde se crió. 

Con una lata de sardinas hizo su primer instrumento musical que fue remplazado por un tiple de juguete regalado por su abuelo. En Ibagué, una tía le obsequió una guitarra, con la que aprendió a tocar a oído, hasta convertirse en un concertista autodidacta de pasajes venezolanos, música andina del Perú, cuecas chilenas; a veces interpreta música griega o flamenca; sin embargo, su especialización es la música colombiana.

En 1971 mereció el primer puesto en la Ciudad Musical de Colombia; en 1974, el segundo puesto en el concurso Solistas de Tiple, en Mariquita; en 1978, segundo puesto como Solista de Tiple, en Ibagué; en 1982 y 1985, el primer puesto en el Festival Mono Núñez, de Ginebra, Valle del Cauca; 1988, Gran Premio Mono Núñez, en el Festival de Ginebra;1988, Premio Pacho Benavides como Mejor Solista de Tiple en el Festival Mono Núñez.

Por tener buena voz, perteneció durante 10 años a los coros del Tolima con los que viajó por Europa y Centroamérica. Aunque ya no canta, se ha convertido en una leyenda viva del tiple solista, hasta el punto que el encuentro de esta modalidad que se realiza en San Sebastián de Mariquita, Tolima, en el marco del concurso Mangostino de Oro, adoptó su nombre.

Un gigante de la música andina colombiana fallecido, dio nombre al Festival de Música Andina Colombiana Mono Núñez; y otro, vivo, al Encuentro de solistas de tiple Negro Parra.


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