Opinión / NOV 03 2019

Democracia y problemas sociales

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El conocimiento de los problemas que oprimen a la sociedad se integra a la solución de las necesidades que están pendientes y a la atención de las demandas y expectativas de las nuevas generaciones. 

Estudios de economía conceptúan que confrontar la pobreza es uno de los aspectos inaplazables por cuanto esta influye en la desnutrición crónica, el retraso en el crecimiento, dificultades de aprendizaje y afectación del desarrollo cerebral. Con el tiempo se es propenso a enfermedades, problemas físicos y a estar en menores condiciones para competir en el mercado laboral. Y lo más cuestionable: la pobreza genera más pobreza. A todo esto se suma que no basta, en términos de rendimiento académico, con un buen suministro de alimentos o mayor disposición de libros y conectividad a la red sino el sistema escolar no se adapta a las necesidades y a las condiciones mismas del aprendizaje. Quiere decir entonces que las políticas públicas destinadas a enfrentar la pobreza, la desnutrición y la cuestión educativa tienen frente a sí un panorama complejo e insoslayable. 

 Estos problemas tocan fibras profundas y por esta razón se diría que son lo más democrático que existe y ante los cuales hay una responsabilidad colectiva, pues con ellos está en juego el futuro de todos. Problemas que están ligados al bien común y a la sobrevivencia de la sociedad no pueden ignorarse. Y el hecho de que se discutan y que la gente se preocupe por ellos, es parte de lo que se faculta en una democracia. Porque cuestiones tan importantes requieren de la inteligencia y el aporte de una sociedad que discute por la forma como sorteamos estas dificultades, los gobiernos que nos representan y las políticas públicas que están relacionadas.

La democracia debate problemas que tienen que ver con el Estado de bienestar y por cómo luchar contra la desigualdad y la pobreza, que son cosas distintas y a veces opuestas. Pero acontece que para enfrentar la desigualdad económica se crean instituciones que por lo regular se convierten en burocracias ineficientes, enquistadas e inamovibles. Y sucede, que en razón a los problemas que nos afectan, la gente se cansa de sus gobernantes y prefiere descargar la responsabilidad en personajes que prometen el oro y el moro. Por eso cuesta creer con Thomas Carlyle que “la democracia es la desesperación de no encontrar héroes que nos dirijan”, y lo peor sería dejar manos de alguien o de unos pocos asuntos que son de todos. De ahí que una ciudadanía deliberante y el aporte de la ciencia al entendimiento de todo aquello que nos afecta serán la única forma de fortalecer la democracia y enfrentar, de un modo libre y abierto, los problemas que nos aquejan. 


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