Jueves, 22 Ago,2019
Opinión / JUN 17 2019

Desafíos del territorio

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hay ciudades y pueblos irremediablemente feos, pocos por fortuna para mi gusto, y todos empiezan más allá del Quindío.  Algunos sectores arborizados de Armenia, se  me parecen a  Washington,  me dijo un amigo que conoce esa capital. Muchos coincidimos en que Armenia es una ciudad de mostrar a quienes nos visitan; por eso no entendemos por qué no se han demolido ciertas construcciones bombardeadas  que amenazan ruina.

 A propósito de las oportunidades urbanas,  dice Jordi Borja que en la actualidad, los espacios económicos más significativos no son el Estado-Nación, tampoco las empresas, los primeros porque las nacionalidades son cada vez más reducidas para establecer políticas autónomas, las segundas porque no pueden determinar su competitividad sin contar con un  entorno favorable —infraestructura y servicios básicos, inserción en un sistema de comunicaciones globales, recursos humanos calificados—, de tal suerte que hoy se revaloriza el sistema urbano-regional,  como el territorio donde se pueden encontrar las sinergias que determinen la productividad, la cohesión social, la identidad cultural y la gobernabilidad.

Realidades como estas permiten la revaloración de los gobiernos locales y regionales, si es que se le apuesta a unas políticas urbanas coherentes y ambiciosas que transformen los  ámbitos espaciales, de la mano de una estrategia que no se base exclusivamente en el planteamiento territorial clásico. 

Si la bondad de lo urbano se centra en el espacio público, lugar donde se encuentra y se confronta  la diversidad y el interés general, es determinante en conglomerados urbanos como los nuestros, en los que, con el turismo, estamos apostando a la estética como renglón económico, revalorar en  muchas de sus manifestaciones algunas prerrogativas  nuevas como: el derecho al lugar, el derecho al espacio público y la monumentalidad, el derecho a la visibilidad, el derecho a la identidad colectiva, el derecho a la movilidad y accesibilidad, y sobre todo el derecho a la belleza urbana o citadina.

 Los centros comerciales, plazas, colegios, calles, iglesias, los hospitales, parques, las avenidas, los edificios públicos, los monumentos, el patrimonio histórico  y en general el conjunto de los espacios y equipamientos de las ciudades, deben asumirse también desde la perspectiva estética, incluyendo  dentro de las políticas  públicas su  embellecimiento, a través del diseño, del color, de la iluminación, etc. 

Todo esto, para no tener que seguir viendo las deprimentes imágenes ruinosas en el centro de Armenia, la penumbra de la plaza Bolívar, la calamitosa avenida Colón de Calarcá , el descolorido monumento al poeta Baudilio Montoya, la ridícula solemnidad de las esculturas disfrazadas de colores de algunos de nuestros pueblos y la peligrosa y excluyente  oscuridad a la  que están sometidas tantos barrios, calles y avenidas que impiden la accesibilidad no solo de sus habitantes sino de la ciudadanía.

En el Quindío tenemos derecho a sentirnos orgullosos  del lugar donde vivimos y a que otros reconozcan la dignidad y belleza de nuestro lugar de residencia.

 

 


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